
l 16 de mayo de 1976 se inició la “Revolución Cultural China”, un movimiento promovido por el líder del país y presidente del partido comunista chino Mao Zedong (Mao Tse Tung). La explicación oficial fue que era necesario combatir todo resabio de capitalismo para evitar seguir los pasos de la Unión Soviética que —según Mao— se había desviado.
Se justificó la revolución indicando que no era suficiente el cambio de la estructura económica de un país, sino que era además necesario cambiar la superestructura ideológica, de modo que ambos cambios, añadidos a los de la superestructura jurídico-política, permitieran el arribo del socialismo y del comunismo.
Sin embargo, el motivo oculto para que ocurra, fue al estruendoso fracaso del “gran salto adelante”, que Mao había inaugurado en 1958, con la intención de industrializar rápidamente a China y alcanzar a occidente. Fue en realidad un salto al vacío, pues la colectivización de la agricultura, el trabajo casi esclavo de los chinos y una serie de errores de concepción y ejecución, produjeron una hambruna que ocasionó la muerte de entre veinte y cuarenta millones de personas.
Para salir del fracaso, se hicieron cargo del gobierno Liu Shaoqi y Deng Xiaoping. Hacia 1964, la economía china comenzaba a mejorar y Mao, temeroso de pasar a la historia como el autor de un gran fracaso, decidió comenzar la revolución cultural, que no solo buscaba barrer con las “cuatro viejas” (viejas ideas, vieja cultura, viejas costumbres y viejos hábitos), sino construir el socialismo y el comunismo.
No fue la policía política del régimen la encargada de llevar adelante la revolución, sino la juventud china, que pasó a conformar la “Guardia Roja”. La consigna de Mao fue clara: “'Rebélense contra su profesor, contra su maestro, contra su dirigente del partido, su superior, los jefes de fábrica. La rebelión está justificada'".
Los dirigentes encargados de la lucha contra las “cuatro viejas” fueron Jiang Qing, la cuarta esposa de Mao y líder del grupo; Zhang Chunqiao, ideólogo y figura clave en el aparato propagandístico y de gobierno de Shanghái; Yao Wenyuan, teórico político y destacado escritor de propaganda y Wang Hongwen,:antiguo líder obrero que ascendió rápidamente en la jerarquía del partido. El presidente al momento de iniciar la revolución, Liu Shaggi y Deng Xiapoping fueron defenestrados y enviados a la cárcel.
La revolución se caracterizó por la comisión de una serie de arbitrariedades contra muchísimas personas como el padre del actual presidente Xi Jimping y el del conocido artista y activista pro - derechos humanos Ai Weiwei, los que fueron apresados y torturados. Lo mismo ocurrió con otras personas, como lo comenta el historiador Yafeng Xia: “Maestros, intelectuales y personas señaladas como enemigas del Estado eran sacadas de sus casas, atadas, interrogadas, humilladas públicamente y golpeadas, a veces hasta la muerte”.
Dice BBC Mundo que, durante casi una década, las universidades quedaron paralizadas y los hospitales funcionaron parcialmente. Fueron destruidos templos, tiendas, viviendas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino.
El historiador nombrado cuenta que la violencia alcanzó también a familias comunes. En el caso de la suya, su padre y su madre trabajaban para una empresa estatal en una pequeña localidad de la provincia de Jiangsu. Personas que no simpatizaban con su madre la denunciaron y ella pasó dos años en prisión. Su padre, que inicialmente había respondido al llamado revolucionario de Mao, terminó siendo perseguido después de 1968.
La represión caracterizó a la revolución, lo mismo que severa “educación” impartida a los intelectuales chinos considerados como burgueses privilegiados que daban prioridad a sus objetivos particulares por encima de los intereses del partido. Debido a su formación académica el movimiento buscaba que colaboraran o que callaran sus ideas anticomunistas que impedían los avances nacionales.
La música occidental fue prohibida, incluida la de Beethoven, catalogada como correspondiente al decadente capitalismo.
Cuando el hombre llego a la Luna, en 1969, el gobierno decidió mantener a los chinos en la luna y no informó del acontecimiento.
Cuando un jugador chino de tenis de mesa se enfrentaba a un rival de otro país, en el campeonato por equipos, ganaba 3-0 con scores de 21-9, 21-7, 21-6 (en la época los partidos de este deporte se jugaban a 21). Cuando los mismos rivales se enfrentaban por el campeonato por equipos, el jugador chino perdía invariablemente ante su oponente, terminando el partido con score de 2-3 y parciales de 21-8, 21-7 y 19-21 los tres últimos sets. La idea era que jugaba el equipo chino, no el jugador chino.
Diariamente se recitaban pasajes del “Libro Rojo de Mao”, que era considerado un verdadero dios, predestinado a iluminar no sólo a los chinos sino a la humanidad en el camino hacia el paraíso.
A la muerte de Mao, los miembros de la “Banda de los cuatro” fueron encarcelados y la mentada revolución concluyó. Pero, el daño ya estaba hecho. Murieron entre 500.000 y dos millones de personas.
Quien quiera conocer más acerca de esta etapa de la historia de China, puede leer “Cisnes Salvajes”, el relato autobiográfico de Jung Chang, autora también de una biografía no autorizada de Mao.
Carlos Derpic Salazar es abogado.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
