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os terremotos no distinguen entre democracias y dictaduras. No preguntan por ideologías cuando liberan bruscamente su energía. El choque de las placas tectónicas causa destrucción y punto. Las consecuencias de los desastres naturales y su manejo sí diferencian entre países con gobiernos abiertos ante las tragedias y regímenes cuya primera reacción es la opacidad porque sienten una amenaza política. Lamentablemente, esto último se ha visto en Venezuela, luego del doble terremoto. Un intento por priorizar la narrativa oficial, no la urgencia por salvar vidas.

Mientras las imágenes y reportes de periodistas venezolanos y medios internacionales daban cuenta de edificios de varios pisos viniéndose abajo y personas aterrorizadas clamando por ayuda, principalmente en el estado La Guaira, los primeros datos comunicados por el régimen encabezado por Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela; su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional; y Diosdado Cabello, temido ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, pretendieron relativizar la tragedia del miércoles 24 de junio provocada por un sismo “precursor” de 7,2 grados y, 39 segundos después, por otro de magnitud 7,5.

Tomando como parámetro crucial las 48 horas posteriores a la catástrofe, la cifra de muertos con la que el régimen cerró el jueves 25 fue de 188 y el viernes la elevó a 920, pero el número de desaparecidos marcó un salto sideral de 157 el jueves a 50.000 al día siguiente. La experiencia en el oficio y el conocimiento de la realidad de su país hicieron que el periodista venezolano Juan Vicente Gómez, con quien converse precisamente esos días desde el programa Encontrados, lanzara la alerta sobre la opacidad con la que el chavismo —Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez— ha manejado y administra este tipo de terribles circunstancias.

En cualquier país que se asume como democrático, el primer deber de un gobierno frente a una emergencia consiste en informar con rapidez, precisión y transparencia. No se trata únicamente de un principio ético. Es una obligación de protección civil. Cada dato sobre personas fallecidas, desaparecidas, heridas y rescatadas; carreteras destruidas; hospitales colapsados; servicios básicos interrumpidos o zonas de riesgo de nuevos eventos adversos puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. La información es, entonces, un recurso humanitario.

En cambio, la información oficial en Venezuela, en el primer tramo, fue confusa e insuficiente no solo sobre los elementos mencionados, sino en cuanto a las capacidades estatales de respuesta. No hubo claridad y Juan Vicente Gómez explicó algunas razones. En 27 años de tiranía chavista el sistema de salud ha sido abandonado y el esquema de atención de emergencias por desastres naturales, desmantelado.

A ello se suma el éxodo de ocho millones de venezolanos, entre ellos una incalculable cantidad de médicos, enfermeras, bomberos, militares, ingenieros, rescatistas… que observan impotentes, desde lugares lejanos, la devastación en su país.

Ver al inescrupuloso Jorge Rodríguez en calidad de vocero oficial dejó claro que la opacidad también es una catástrofe. Verlo justificar, informar con inexactitud y callar sobre los trágicos antecedentes en La Guaira pusieron al descubierto que la prioridad del régimen es la preservación de la imagen del poder. Reconocer la magnitud de la calamidad hubiera implicado admitir debilidades institucionales, años de abandono de la infraestructura pública, precariedad en los sistemas de emergencia y limitaciones presupuestarias.

Juan Vicente Gómez recordó en nuestras conversaciones en formato streaming el deslave que se produjo en esa misma región costera en diciembre de 1999, cuando era estado Vargas, un desastre natural que se saldó con alrededor de 15 mil muertes, 75.000 damnificados y recomendaciones específicas de que no se debían encarar soluciones habitacionales con la edificación de complejos de edificios por lo deleznable de los terrenos, pero la demagogia de la tiranía chavista se impuso y se construyeron centenares de ellos.

Los hermanos Rodríguez le pusieron un peligroso rosón a la opacidad tras los dos potentes terremotos y más de 300 réplicas restringiendo el acceso a la zona cero, al estado La Guaira, sabiendo que la ausencia de información verificable también dificulta la solidaridad internacional. Los países que decidieron brindar apoyo, organismos multilaterales y organizaciones humanitarias requieren diagnósticos confiables para desplegar asistencia. Sin ellos, cualquier esfuerzo llega tarde, resulta insuficiente o simplemente no se materializa. La opacidad también es catástrofe y termina castigando a quienes más ayuda necesitan.

Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.