
l hacer un balance de lo sucedido el año que termina, podemos afirmar que, en lo interno, se siente que la democracia, por la que tantos hombres y mujeres lucharon y dieron su vida y que estaba herida de muerte, se ha reinstalado y uno siente que ya no vive amenazado por el sicariato judicial y fiscal que instaló el MAS durante sus gobiernos. El presidente Paz ha puesto en vigencia el decreto supremo 5503, que ha sido respaldado por la mayoría de la población, aunque es necesario estudiarlo en detalle, porque contiene disposiciones cuando menos discutibles, como lo ha hecho notar Cecilia Requena. Los que ayer persiguieron a diestra y siniestra a opositores y disidentes, hoy están tomando de su propia medicina, aunque hay que lamentar que en muchas personas anide y se exprese un sentimiento de venganza que se expresa en “que se joda, que siente en carne propia lo que le hicieron a otros”, no siendo esto lo mejor para construir un país fraterno y justo.
En lo externo, hemos asistido azorados al genocidio palestino perpetrado por el sionismo en la franja de Gaza y a los atropellos que sufren los palestinos en Cisjordania. También hemos visto el genocidio en Sudán, motivado -¡cuándo no!- por la riquezas naturales que tiene ese país.
Vemos a un presidente norteamericano autopercibido como pacificador que, sin embargo, es la mayor amenaza para la paz en el mundo. Se trata, como lo señala Gustavo Veiga, de un hombre que cree ocupar el centro de la geopolítica mundial en soledad; la representación más cabal de un imperio que a su alrededor solo ve actores de reparto. “Cuando va terminando el primer año de su segunda vicepresidencia y con la imagen en caída -dice Veiga-, su gobierno es una marea de deshumanización continua adentro y afuera de Estados Unidos”.
Apoyó con cuantioso material militar al régimen de Netanyahu, a quien acaba de prometer la reconstrucción de Gaza, haciendo de la franja un resort para beneplácito de empresas norteamericanas. Mandó bombardear a Irán, Yemen, Siria, Somalia y Nigeria. Expulsó a miles de migrantes engrillados o esposados y separó a cientos de niños de sus familias, pero indultó a poco más de 1.500 de sus seguidores que tomaron el Capitolio el 6 de enero de 2021. Continúa salpicado por el escándalo de pedofilia de su amigo Jeffrey Epstein que complica su presidencia. Este sujeto pretendió el premio Nóbel de la Paz, que fue finalmente concedido a María Corina Machado y tuvo que conformarse con el “Premio FIFA de la paz” que le otorgó Infantino, el presidente de la transnacional del embrutecimiento colectivo.
Frente a semejante ejemplar, surge la figura del Papa León XIV, que muchos creyeron contrario, o cuando menos ajeno, a la labor de su predecesor Francisco. Antes de celebrar su primera misa como Papa, saludó a alrededor de cinco mil fieles que se encontraban congregados en la plaza de San Pedro: “La basílica de San Pedro es muy grande, pero no tan grande para recibir a todos vosotros, les dijo. Por ello, gracias por vuestro valor por estar esperando aquí esta tarde”. En la homilía de la misa de Gallo, afirmó que "ante las expectativas de los pueblos, (Dios) envía un niño, para que sea palabra de esperanza; ante el dolor de los miserables. Él envía un indefenso, para que sea fuerza para levantarse; ante la violencia y la opresión, Él enciende una suave luz que ilumina con la salvación a todos los hijos de este mundo". Agregó que "mientras una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al prójimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud".
Antes de impartir la bendición Urbi et Orbi, el papa León XIV pidió "justicia, paz y estabilidad para el Líbano, Palestina, Israel y Siria", y que se encuentre "el valor para dialogar de manera sincera, directa y respetuosa" para acabar con la guerra en Ucrania. Mandó un saludo especial "a todos los cristianos que viven en Medio Oriente", y se refirió a las guerras olvidadas en Sudán, Sudán del Sur, Malí, Burkina Faso y la República Democrática del Congo, pidiendo también el cese de toda forma de violencia en Haití. En sus peticiones también estuvo la situación en Birmania y que se restablezca la antigua amistad entre Tailandia y Camboya, así como las "recientes y devastadoras catástrofes naturales" en el sur de Asia y de Oceanía. El Papa incluyó en su mensaje una poesía del poeta israelí Yehuda Amichai titulada "Paz Silvestre" en la que describe la paz "no la de un alto al fuego ni la de la visión del lobo junto al cordero, sino la del corazón cuando se acaba la agitación y hablamos de un gran cansancio".
Existe tensiones entre León XIV y Trump, por las críticas del primero a las políticas de deportación masiva del segundo, que han sido asumidas por el episcopado norteamericano y que han motivado que funcionarios trumpistas digan que "El Papa debería decirnos cómo llegar al cielo. No tiene autoridad sobre el gobierno; tiene que mantenerse en su carril", recordando expresiones similares de Álvaro García cuando era vicepresidente de Bolivia.
Lo cierto es que, en medio de tanto mal y tanta desgracia que asolan al mundo, aparecen personas que son capaces de cuestionar el orden establecido y proponer uno alternativo, basado en la solidaridad con quienes lo necesitan y proponiendo un nuevo mundo.
Por eso es que la esperanza (del verbo “esperanzar”, no del verbo “esperar”), nunca muere.
¡Feliz 2026!
Carlos Derpic Salazar es abogado.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
