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l 28 y el 29 de enero de 1947, se produjo una masacre de trabajadores mineros de la ciudad de Potosí, que prestaban servicios en la “Compañía Minera De Potosí S.A.”, que por entonces era de propiedad de Mauricio Hoschild, uno de los “barones del estaño”.

Hay varias versiones de lo acontecido en aquella ocasión. Freddy Tarcaya Gallardo, autor de “Las masacres mineras del Siglo XX” (www.revistasbolivianas.ciencia.bo) señala que todo se desencadenó a raíz de un fallo de la Corte Suprema de Justicia que negó el pago de una indemnización a un trabajador que se había retirado voluntariamente, lo que motivó que sus compañeros de trabajo se movilizaran, el 28 de enero, en demanda del reconocimiento de sus derechos, consagrados ya por entonces en la “Ley General del Trabajo”. La reacción de las autoridades fue disparar contra los mineros, lo que dio lugar a que estos se reagruparan, portando dinamita esta vez, lo que dio el pretexto perfecto para que el 29 de enero las fuerzas del orden disparasen contra la multitud, ocasionando decenas de muertos y heridos.

Guillermo Lora (Masas 1970) afirma que el prefecto de Potosí, el jefe de Policía y otros dos militantes del PIR idearon una treta, lanzando el rumor de que había dos dirigentes mineros detenidos en la policía, ante lo cual un número de cien trabajadores se trasladó hasta la plaza principal, pidiendo hablar con el jefe de policía, quien se negó a recibirlos. Esto motivó la reacción de los trabajadores lo que, a su vez, dio lugar a que el mismo jefe de policía y la tropa, disparasen en contra los trabajadores, causando las primeras bajas en la calle Oruro. Ante ello, los trabajadores fueron hasta la mina Pailaviri, donde obtuvieron cartuchos de dinamita y el 29 pretendieron conseguir la libertad de sus dirigentes supuestamente detenidos, lo que motivó la reacción de las fuerzas policiales que dispararon contra los mineros, ocasionando muertos y heridos. Lora habla de más de trescientos muertos.

Agustín Barcelli (“Medio siglo de luchas sindicales revolucionarias en Bolivia”) hace referencia a un reclamo de los trabajadores mineros de Potosí, que demandaba mejores sueldos y salarios y mejores condiciones de trabajo. Hace también referencia a la detención de sus dirigentes y a una marcha pacífica en reclamo de la libertad de los dirigentes, antes lo cual las autoridades del gobierno “rosquero y pirista”, como las califica el autor, ordenaron a la policía abrir fuego indiscriminadamente, ocasionando muchas muertes. Este autor señala que aquellos que buscaron su salvación en la huida, fueron perseguidos, asesinados y colgados de los árboles que bordean los caminos, aunque en el trayecto entre el Cerro de Potosí y la plaza principal no hay árboles que bordeen los caminos.

La relación más detallada y documentada de lo acontecido corresponde a Lora y con ella coinciden testimonios de personas que fueron testigos presenciales de lo ocurrido en dicha ocasión, como varias señoras que, avecinadas en la parroquia de san Martín, vieron con horror cómo los mineros escapaban subiendo al Cerro y, pese a que portaban pañuelos o trapos blancos de rendición, eran masacrados inmisericordemente.

¿Cuál fue el contexto de estos lamentables acontecimientos?

El 26 de julio de 1946 fue derrocado y asesinado el presidente Gualberto Villarroel, con lo que dio inicio el famoso “sexenio” previo a la revolución de 1952. Después de Villarroel fueron presidentes de Bolivia Néstor Guillén, Tomás Monje Gutiérrez, Enrique Hertzog, Mamerto Urriolagoitia y Hugo Ballivián. Hertzog, que era presidente en momentos de la masacre, asumió el cargo mediante elecciones realizadas todavía con voto calificado. Todos esos gobiernos se caracterizaron por la represión de las organizaciones obreras y populares y de los partidos que las representaban.

Curiosamente, el PIR (Partido de Izquierda Revolucionario) formó parte de la conspiración y el derrocamiento de Villarroel, que expresaba al pueblo boliviano cansado de la rosca feudal-burguesa y de los gobiernos que la representaban. Y era parte del gobierno de Hertzog. Los piristas acusaron a Villarroel de fascista y partidario del “Eje” durante la Segunda Guerra Mundial y seguramente la vinculación y dependencia del PIR con la Unión Soviética, determinó su alineamiento con los gobiernos de la mencionada “rosca”, en contra de los intereses nacionales y populares.

En lugar de realizar un “análisis concreto de la realidad concreta”, como recomendaba Marx, estos “marxistas” de escritorio y de conveniencia obedecieron las instrucciones de la URSS, formaron parte de un gobierno antipopular y antinacional y reprimieron a los obreros a los que decían representar.

La masacre del 28-29 de enero de 1947 es otra muestra de lo que pasa cuando no se identifica al enemigo principal ni la contradicción principal y se actúa presuponiendo que le teoría está por encima de la realidad y que los intereses de los bolivianos y de Bolivia están después de los de los amos de uno u otro lado.

Años después de la masacre, pudimos ver al prefecto y al jefe de policía piristas militar en el PCB, y a otro de los masacradores, en el PCML. Seguían diciendo que luchaban por el proletariado boliviano.

Carlos Derpic Salazar es abogado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.