
ay visiones que, aunque pasen las décadas, se niegan a morir porque contienen la esencia misma del destino de un pueblo. En 1996, conjuntamente 40 instituciones paceñas, presentamos un programa que buscaba cambiar la fisonomía de nuestro departamento: el Centro Industrial y Tecnológico de Kallutaca (CITDLP) en Laja (528 ha.) y el Campo Ferial de Següencoma.
Nuestra visión era clara: generar riqueza, empleo digno y competitividad para responder a la globalización. Queríamos que La Paz dejara de ser solo el centro administrativo para convertirse en el corazón palpitante de la transformación industrial de Bolivia.
La lucha contra la ceguera y el estatismo
El camino no fue fácil. Primero, tropezamos con la falta de visión del pasado, donde se prefería el negocio inmobiliario sobre el beneficio estratégico de usar terrenos propios de la entonces Prefectura. Tras 14 años de estancamiento, en 2010 los proyectos finalmente arrancaron, pero sufrieron una metamorfosis dolorosa: perdieron su "Ajayu" (espíritu).
Lo que nació para ser un ecosistema de 1.000 empresas privadas, generadoras de miles de empleos productivos, incubadoras de base tecnológica para emprendedores y laboratorios universitarios, terminó convertido en un enclave de apenas 4 empresas estatales. El espíritu de fomento, de alianza público-privada-academia y de meritocracia fue asfixiado por el control centralista.
El concepto se desvirtuó, pero la necesidad —esa urgencia de empleo y desarrollo que hoy golpea a una ciudad de El Alto que ya supera el millón de habitantes— sigue más viva que nunca.
El Altiplano Verde: el sueño compartido con el padre Obermaier
No puedo evitar recordar mis recorridos por Kallutaca junto al reverendo Sebastián Obermaier. Juntos caminamos buscando fuentes de agua cercanos a la cordillera real, soñando con transformar el altiplano en una zona industrial rodeada de un cinturón forestal de 200 hectáreas. Compartíamos la convicción de que El Alto debía ser una zona de inversión generadora de bienestar. Él veía alma donde otros solo veían tierra; yo veía industria donde otros solo veían distancia.
Una propuesta para el nuevo tiempo: bioeconomía y turismo
Hoy, desde mi trinchera en el Turismo Sostenible, entiendo que la manufactura y los servicios no son mundos aparte; son hermanos. El CITDLP debe ser el centro donde el café de los Yungas, el cacao del norte, la quinua real, la lana de camélidos, ese bambú (nuestro acero verde) y otros productos primarios, del altiplano, los yungas y amazonas paceño, reciban valor agregado.
Si queremos un turismo potente, necesitamos una industria local que suministre productos alimenticios de alta calidad, mobiliario ecológico, indumentaria, empaques sostenibles para exportación y tecnología para la resiliencia climática. El turismo sostenible es la vitrina, pero la industria en Kallutaca debe ser el motor que la abastezca.
La profecía cumplida: el mercado del Pacífico
Lo planteamos con claridad en 1996: "A 15 minutos de la Ceja de El Alto, a media hora del centro de La Paz y a 6 horas de las costas del Pacífico: el mercado del próximo siglo". Sabíamos que, así como el eje del mundo se movió del mediterráneo al Atlántico, el giro hacia la cuenca del Pacífico y el mercado asiático era inminente.
Lo que predijimos se cumplió. El mundo hoy mira al Asia-Pacífico y Bolivia está frente a esa puerta. Kallutaca es la llave estratégica para que nuestros productos entren a ese mercado global con el sello de la calidad paceña.
Un regalo para La Paz en vísperas electorales
A 30 años de aquel primer trazo, entrego estas ideas como un regalo para La Paz. Escucho con esperanza que candidatos y gremios empresariales vuelven a mencionar a Kallutaca y a las Zonas Económicas Especiales. Es hora de que el tema "prenda" y aterrice de verdad.
Gane quien gane en las elecciones subnacionales, mi llamado es a la grandeza sin mezquindad. La infraestructura está ahí, los terrenos están ahí. Lo que falta es devolverles su Ajayu:
- Pasar del estado "tranca" al estado facilitador.
- Retornar al modelo de gestión mixta donde el privado haga economía y el Estado deje de ser un obstáculo.
- Conectar la ciudad más joven del país con los mercados del Pacífico.
Las industrias que un día se fueron de La Paz deben retornar. El hambre de progreso de los paceños no espera. El futuro de La Paz es un gigante que finalmente está despertando para reclamar su lugar en el siglo XXI.
Rolando Mendoza Patiño es economista e impulsor del turismo sostenible.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
