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ace 20 años, tuve la inmensa fortuna de recibir la colaboración de British Executive Service Overseas (BESO) a través de mi entrañable amigo CVO OBE Alan Shave y, a través de él, la inestimable guía de James Patrick Scullion. Scullion, experto británico en ecoturismo que llegó a Bolivia en 2005, trayendo consigo una experiencia global sin precedentes: desde ser Gerente de Marketing en British Airways, pasando por roles clave de Gerencia de Marketing y Producción para la Asociación de Turismo de Hong Kong en el Reino Unido y el Norte de Europa, hasta convertirse en Gerente Senior de Promociones Internacionales para la misma entidad.

Su trayectoria también incluyó un crucial trabajo en Kampala, Uganda, para la Asociación Comunitaria de Turismo, y un extenso involucramiento en el desarrollo turístico de Asia y África.

Fue James Scullion quien, ante mis dudas sobre la identidad del turista que nos visitaba —quiénes eran estos visitantes misteriosos en sus países de origen, y si la percepción negativa de la industria y algunas personas en Bolivia sobre ellos era certera—, me compartió una verdad profunda que transformó mi perspectiva sobre el sector en nuestro país.

Con la sabiduría que solo brindan décadas de experiencia global, James afirmó con convicción: "El turista que llega a Bolivia es el mejor turista del mundo. Para empezar, llegar a Bolivia es muy caro; es, en promedio, uno de los destinos más costosos del mundo. Esto significa que la persona que llega es que elige venir y es en su país de origen, superior al promedio en nivel educativo, empatía, sensibilidad y conciencia medioambiental, cultural y social."

Continuó, pintando un cuadro vívido de la democratización económica que este tipo de viajero genera: "Puedes verlo paseando, joven, con su mochila, pero él está distribuyendo dinero localmente a todos, de manera democrática: a la persona que vende agua, comida, salteñas, chompas de alpaca, a todos."

James enfatizó la diferencia crucial de este modelo con lo que él llamó el "turismo burbuja": "Este turista en su mayoría no está en el turismo 'burbuja' que no beneficia a la población local y solo enriquece a las grandes empresas de turismo de su país de origen."

Y para finalizar, me dijo: "Después de todo, ten la seguridad de que este turista va a volver, así como yo lo he hecho."

Sus palabras, respaldadas por una trayectoria tan impresionante, revelaron que el verdadero valor del turismo en Bolivia no reside únicamente en nuestros paisajes asombrosos, sino intrínsecamente en la calidad excepcional del visitante que atraemos y en el impacto directo y equitativo que generan en nuestras comunidades. Es un modelo que, como él predijo, no solo beneficia a la base de nuestra economía, sino que también construye una lealtad y un retorno a largo plazo.

A lo largo de mis dos décadas de trayectoria en la industria del turismo, he podido comprobar directamente, día tras día, la exactitud de las palabras de James Patrick Scullion. El turista que llega a Bolivia es, sin duda, el mejor del mundo, y es hora de que en Bolivia reconozcamos y valoremos este invaluable activo y potencial.

Rolando Mendoza Patiño es economista e impulsor del turismo sostenible.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.