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a universidad pública constituye una réplica del Estado (cloaca) boliviano, donde reina el populismo académico y la decadencia en todo sentido. Se tiene que repensar las reglas del juego para la designación de las principales autoridades, la arquitectura institucional interna, la academia, los programas de postgrados, reasignación presupuestaria, entre otros.

Los planes de estudios y el escalafón docente, en su mayoría lucen obsoletos y alejados de la realidad. Y como no se hace investigación ni se prioriza la formación y capacitación de los docentes, salvo honrosas excepciones, en la universidad pública reina y gobierna la mediocridad, la corrupción y el prebendalismo.

El viejo modelo del co-gobierno docente estudiantil y sus paradigmas (vigente desde la reforma universitaria de Córdova, junio 1918), luce agotado y constituye uno de los problemas centrales que hay que afrontar y cambiar de una vez. El candidato tiene que pedir el voto a los docentes y a los estudiantes ―compromiso (negativo) que debe honrar cuando sea elegido―, y ahí comienzan los problemas y la universidad termina convertida en un feudo de pequeños grupos mafiosos decididos a todo, menos a buscar una educación de calidad.

En las campañas electorales se imponen las megafiestas, el pintado de uñas, las denuncias de tráfico de notas, compra-venta de tesis, acoso sexual, guerra sucia, etc. Sin embargo, hay muy poca oferta académica, menos algún megaproyecto de la universidad del futuro para Santa Cruz. La universidad ha tocado fondo y la institucionalidad cruceña debe tener conocimiento. En la medida en que se imponía el populismo del MAS (2006-2019), se aceleraba la decadencia y el alumno no quería estudiar, no le ponía ningún interés, un poquito de pasión y no hay método alguno que pueda erradicar la poderosa ley del menor esfuerzo (siempre hay excepciones).

El alumno tiene ciertas comodidades, acceso a la tecnología, aire acondicionado. Pero no estudia, no investiga, no tiene la curiosidad natural de buscar las herramientas que necesita para enfrentar un mundo cada vez más competitivo, más exigente. Y como las modalidades de graduación son varias y super flexibles, quiere pasar de curso, quiere la nota, quiere el título a como dé lugar para ganar platita y la carrera de derecho termina “fabricando” abogados incompetentes, sin principios, ni valores, ni vocación de servicio. En muchos casos esos alumnos trepan al poder judicial, al ministerio público, y se convierten en los jueces y fiscales que tenemos. Una verdadera reforma estructural del sistema judicial debe comenzar en la universidad.

Llevo algunas décadas impartiendo dos materias en la “Gabriel René Moreno” y he percibido cierta resistencia estudiantil (tengo grupos pequeños) porque les recuerdo que tienen la obligación de estudiar, de formarse e informarse, leer unos manuales, rendir los exámenes (orales), hacer un pequeño trabajo práctico para obtener una nota mínima (51) para pasar de curso. Al margen de este regalo (nota mínima), las autoridades premiaron con 10 puntos a los alumnos que se inscribieron para colaborar con el censo de población y vivienda.

Todo esto viene a cuento porque un alumno comenzó clases, pero luego dejó de asistir y reapareció justo en la recta final al tercer examen y trabajo práctico. Y como no dio dos exámenes ni justificó su inasistencia, se aplazó. Me pidió que le tome los dos exámenes, porque estuvo muy ocupado, etc. Lo escuché, le reiteré la modalidad de evaluaciones, fechas, y al despedirse me digo que me denunciaría y en efecto me denunció.

El objeto del reclamo eran las notas, pero ¿qué notas le podía dar si no dio los dos primeros exámenes? También se quejaba porque la enseñanza de Derecho Constitucional era deficiente en la eficiencia y eficacia… ¿Cómo puede calificar la enseñanza que se imparte si no asiste a la mayoría de las clases? La primera condición para reclamar era haber asistido a clases, y honrado sus obligaciones estudiantiles. Pero ¿puede reclamar un alumno? Sí, puede y tiene todo el derecho de hacer observaciones, críticas, reclamos, etc.

El denunciante no tiene ninguna autoridad moral para exigir que le reciban exámenes extemporáneos, y de yapa el alumno es una persona adulta, profesional y colega docente de la misma universidad. Los peores enemigos de los pueblos son la ignorancia, la mediocridad, el populismo, la ley del menor esfuerzo, etc.

William Herrera Áñez es abogado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.

William Herrera Áñez es abogado.

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William Herrera Áñez es abogado y profesor universitario.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.