
avier Coller haciendo eco de Alcántara señala que para un funcionamiento correcto de una democracia debe existir personal cualificado que tome decisiones en representación de la masa, sin embargo, y muy a pesar nuestro, estos funcionarios no tienen un control de entrada, es decir que para tener un cargo político de representación no se toma en cuenta ningún tipo de requisitos previos, no existe una cualificación de méritos, este tipo de funcionarios solo gozan de la legitimación por las urnas, y en ocasiones ni siquiera de ellas.
Por su parte Max Weber, al referirse sobre el oficio del político, reflexionaba sobre tres características principales que debe tener un buen político: la vocación por el poder, entendiendo poder como esa capacidad de influir sobre los demás, de dirigir el Estado y tomar decisiones que afectan a la colectividad; el vivir para y de la política, diferenciando entre los que hacen de la política un ideal de vida y quienes convierten la política en su medio de subsistencia; y por último la pasión y la mesura, porque un buen político requiere pasión por una causa, que debe estar combinada con responsabilidad y frialdad mental para calcular las consecuencias.
Tomando en cuenta los aportes de Weber y Coller, se puede decir que en Bolivia la mayoría de los políticos solo se encuentran respaldados por las elecciones, que existen muchos políticos que no tienen vocación de poder porque no influyen ni en su reflejo, no saben cómo dirigir el Estado y mucho menos saben tomar decisiones en beneficio de la mayoría, a veces toman decisiones, pero únicamente en beneficio de sus gremios.
En Bolivia también tenemos políticos que viven de la política, que lamentablemente son una mayoría, y que viven años y años sirviéndose de estos cargos, y tenemos políticos que puede que tengan mucha pasión y nada de mesura, de ahí que se explique las declaraciones fuera de tono, carente de análisis y en resumen vacías de contenido de concejales, asambleístas, alcaldes, gobernadores, diputados, senadores y un largo etc.
Las investigaciones recientes, demuestran que no basta con tener un título universitario, que en palabras de Bourdieu seria capital cultural institucionalizado, para ser un buen político, se tiene que realmente tener vocación política y tener capital cultural incorporado para serlo, se tiene que tener el talante necesario para vivir para la política y no de ella, y actuar con mucha responsabilidad y pasión para mejorar la situación de crisis en las que Bolivia se encuentra.
Para que no todo sea queja, como propone Coller, no estaría de más que en el ejercicio de la democracia los candidatos a cualquier cargo político puedan someterse a un debate abierto donde sean interpelados por otros políticos o por la ciudadanía y ahí, en esos espacios, puedan defender sus dotes, si es que los tienen, para ejercer los cargos a los cuales se postulan, quizás así, algún día, se pueda elegir buenos políticos.
Juan Pablo Rodríguez es sociólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
