
os actos del habla, como señalaba John L. Austin, no siempre describen una realidad sino la generan, para que esto suceda existen una serie de condiciones o elementos, a saber, los principales son: que el hablante se encuentre en la posición de poder afirmar o negar algo, que el contexto donde se desarrolla el discurso sea el escenario adecuado y que el hablante actué consecuentemente con el discurso.
Las narrativas en el contexto político, que son entendidas como discursos construidos en torno a ciertos aspectos sociopolíticos, al ser actos del habla también deben cumplir con los elementos antes mencionados.
Por otro lado, los imaginarios sociales, se entienden como todo aquello que tiene significancia práctica que posibilita la interpretación del mundo y su consecuente actuar sobre el, en las sociedades actuales coexisten imaginarios contrapuestos respecto a los diversos fenómenos sociales, que se construye a partir de las experiencias, el contexto territorial, económico, histórico, político y social de los actores, imaginarios que a la postre son alimentados con las narrativas.
Ahora bien, una vez entendido cómo se relaciona los actos del habla con las narrativas, y cómo estas alimentan a los imaginarios sociales, es menester analizar si las narrativas impuestas alrededor del aun conflicto latente, pueden o no llegar a generan una realidad y de esta manera influir en la construcción de los imaginarios sociales y en el consecuente actuar.
Para ello es indispensable realizar la separación odiosa entre el área rural y el área urbana, y acorde a esto las visiones positivas y negativas que se generan en torno al conflicto social, en el área rural la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz Túpac Katari, construyó su narrativa a partir de demandas como la crisis económica, la escasez de combustible y el alza de los precios de la canasta familiar, narrativa que terminó pidiendo la renuncia del presidente Paz, por su parte en el área urbana la COB empezó a construir su narrativa a partir del pedido del incremento salarial y también la escasez de combustible, terminando también en la solicitud de renuncia del presidente.
Ambos sectores movilizados llegaron a puntos en común en torno a sus demandas, generando así una narrativa que, con sendos discursos donde se apropiaban de la voz del “pueblo”, pretendía ser instaurada en el imaginario social del resto de la población que no se encontraba movilizada, y que dicho sea de paso, en su mayoría no comparte ni con la visión de la COB y la Túpac Katari, ni con la visión del gobierno, en ese entendido la narrativa no pudo instaurarse en el imaginario social del común de la población puesto que ninguno de los portavoces, ni Argollo de la COB ni Salazar de la Túpac, se encontraban en la posibilidad de que sus afirmaciones se tornen en realidad, el contexto no los acompañaba puesto que la población no movilizada estaba viviendo su realidad de acuerdo a su propia narrativa, y finalmente las acciones de los dirigentes no eran coherentes ni acordes con su discurso.
En ese sentido se puede decir que existen hasta tres narrativas que se van construyendo, re armando, refinando en torno al conflicto reciente, narrativas que sin duda alguna alimentan a los distintos y varios imaginarios que ahora constituyen nuestra sociedad, el imaginario alimentado por la narrativa de los sectores movilizados construyó una realidad para su mundo que fue acompañado con sus correspondientes acciones fácticas.
En conclusión, los imaginarios son cimientos que construyen acciones fácticas, si se desea cambiar la sociedad, se necesita transformar narrativas, participar de la creación y difusión de éstas, y no ser simples espectadores de los imaginarios que otros instauran.
Juan Pablo Rodríguez es sociólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
