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efender lo indefendible, negando la realidad por fanatismo, es malo. Peor aún es defender en unos lo que se reprocha en otros. Eso es doble moral, aplicación de juicios de valor opuestos a cosas iguales. Abunda entre militantes de izquierda pues viene de adoctrinamiento y control del pensamiento con base en un libreto oficial.

En ese libreto, entre otras cosas, está que la libertad y los derechos individuales son prescindibles y los colectivos no; que EEUU es un imperialismo perverso y la URSS, equilibrio indispensable del mundo, de grata memoria y nostalgia; Cuba, territorio libre de América; sus disidentes, gusanos, y sus problemas, culpa del bloqueo norteamericano. Y que si EEUU se mete en otro país, lo invade; la URSS, lo salvaba; como Cuba que desde 1959 fue a salvar a cuanto país de Hispanoamérica y África pudo. Que todo amigo de EEUU es enemigo (Israel); todo enemigo de EEUU, amigo (Cuba, otra vez). Que los sandinistas tenían derecho a “la piñata” y Violeta Chamorro no a ganar las elecciones. Que el socialismo soviético se pudrió por culpa de EEUU y Juan Pablo II, y que sus fallos se debían a que no era socialismo verdadero.

En los 90 surgió el Foro de Sao Paulo con Lula Da Silva y Fidel Castro a la cabeza. Con varios partidos de Bolivia. Alumbró al Socialismo del Siglo XXI a la caída del Muro de Berlín y se extendió en Hispanoamérica. Éxito de la batalla cultural, secreto de la hegemonía totalitaria según Gramsci. Sus cabilderos, “intelectuales orgánicos” —encargados de pensar por la masa para adoctrinarla como condición de su domesticación— trabajaron con eficacia.

Con la Internet llegaron verdades sobre los países asolados por el socialismo. Incluso en Cuba, donde en 2018 abrió una ventana desde la cual el mundo miró a los cubanos y ellos al mundo. Las mentiras quedaron descubiertas. Reto para los especialistas en la impostura quienes procuraron soluciones: ampliación de su influencia en la academia para la “deconstrucción” de los conceptos, “resignificándolos”. Vaciamiento de su contenido para pervertirlos, difundiéndolos a más no poder. La realidad/verdad fue trastocada y las palabras se hicieron consignas falaces con elevado efecto movilizador.

Se impostó constituciones contra los ciudadanos y se alteró sistemas electorales para reproducir el poder. La restricción de las libertades se hizo cualidad democrática a título de lucha contra la discriminación. Se redujo la democracia a elecciones viciadas y se admitió la de partido único. La defensa de la dignidad humana se tipificó como fascismo y en centros de tortura —como el “Helicoide”— siervos de la tiranía dieron conferencias sobre derechos humanos. En suma: las dictaduras se llamaron democracia y la democracia, fascismo.

Con la complicidad de las organizaciones internacionales, decrépitas y corruptas, dedicadas a convertir los caprichos en derechos y a imponer sus agendas con prebendas. Su finalidad de preservación de la paz y protección de derechos humanos fue olvidada. Hicieron migas con las dictaduras y las sirvieron. Ejemplos: Cuba y Venezuela en el Consejo de Derechos Humanos y Bachelet encubriendo torturas en ambos países.

En Bolivia, una colección de “intelectuales orgánicos” ayudó y aplaudió al MAS. Las muertes de La Calancha, el Porvenir y Hotel Las Américas no los despertaron. El TIPNIS y la reelección indefinida del cocalero sí. Muchos fueron “pititas” en 2019. Hasta 2025. Las elecciones sin opción de izquierda los volvió al pasado. Apoyaron al más tibio y en la segunda vuelta su consigna fue “votar por el populismo democrático, no por el neoliberalismo golpista”. Las cabras tiraron al monte.

Ahora se indignan contra la captura de Maduro por EEUU. Dicen que es por la soberanía de un país entregado a la dictadura cubana; contra el imperialismo en un país fagocitado por el crimen transnacional; por el Derecho Internacional en un país sin Derechos Humanos. Se estrellan contra el imperio donde muchos tienen a sus hijos disfrutando de lo que ofrece, soñando en silencio irse allí ellos también.

Como dice Pablo Cánovas en su cuenta de TikTok, “el derecho internacional no es absoluto, admite excepciones: legítima defensa, estado de necesidad, responsabilidad de proteger…”. Lo que la ONU decidió no hacer y que comenzó con la captura del tirano.

¿Es filantropía, convicción democrática o humanismo lo que mueve a Trump? No, por supuesto que no. Es ambición desmedida, y lo dice sin tapujos; por eso patea el tablero internacional, a su favor. Fuerte y eficazmente. Terrorífico.

Festejo la captura de Maduro en ese juego errático, deseo que Hispanoamérica se libere de las tiranías en 2026 y que el reacomodo de las fichas en el mundo no sea el peor para nosotros.

Finalizo parafraseando un texto publicado en la cuenta de Árbol Invertido en Facebook: “Si el Derecho Internacional no puede evitar que yo sea torturado en una celda del Helicoide, pero sí protege a Maduro para que pueda seguir torturándome en el Helicoide, el Derecho Internacional no sólo no me sirve de nada, sino que me está jodiendo”.

Gisela Derpic Salazar es abogada.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.