
l envilecimiento de la política, del político y del partido político ha impuesto códigos maniqueos en los que unos son buenos y los otros son perversos.
Esta forma de pensamiento, en el afán de desmerecer al contrincante y verlo como enemigo, tergiversa o deja en el olvido sucesos de gran significación.
En pocos días más recordaremos con dolor el golpe de Estado del 17 de julio de 1980, pero también con orgullo la valerosa resistencia de miles de jóvenes universitarios, intelectuales, políticos, obreros, campesinos, profesionales, mujeres de todas las condiciones sociales que enfrentaron a la dictadura narcodelincuencial de García Meza, Arce Gómez y de las FFAA.
El asalto a la sede de la gloriosa COB, el apresamiento de la dirigencia del CONADE y el asesinato del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz junto al dirigente minero Gualberto Vega y al joven diputado Carlos Flores Bedregal, dio inició al golpe sangriento.
El mensaje era claro, no habría concesión ni consideración de ninguna naturaleza, la resistencia al golpe debía ser arrasada.
Desataron una persecución feroz contra militantes de partidos políticos, dirigentes sindicales, periodistas y de todo aquel que creían era contrario al golpe, la frase de Arce Gómez: “Todos aquellos que contravengan el decreto ley (de seguridad nacional) tienen que andar con el testamento bajo el brazo” fue cumplida a cabalidad.
En enero de 1981 asesinaron en la calle Harrington a jóvenes dirigentes del MIR, que de vivir hubieran aportado significativamente a construir una patria mejor.
Fue una dictadura breve, brutal, asesina y delincuencial de la que pocos se acuerdan. Varios factores contribuyeron a ello, la falta de una memoria histórica de la democracia que relate y muestre paso a paso en colegios y universidades lo que sucedió, el tiempo que hizo lo suyo dejando una imagen borrosa de los acontecimientos que fueron cubiertos por el manto de la ingratitud o por el brochazo de la mano de los comprometidos con el golpe que se infiltraron en gobiernos democráticos y se encargaron de manera efectiva de borronear la historia, pero lo más grave, el discurso oficial de los últimos 18 años que, en su afán de echar la culpa de todo lo malo que sucedió en el pasado a sus actores, instaló la retórica de “no los de antes” con el fin de eliminar al contrincante desfigurando así el rol de generaciones integras de jóvenes a los que les debemos la recuperación de la democracia.
Sus historias no fueron contadas por un equivocado pudor de no hablar de uno mismo. Me doy la libertad de hurgar mis recuerdos, entre colectivos y personales, el que quiera desmentirlos que lo haga o agregue lo suyo a lo que mi memoria omitió.
Es más que seguro que no todos los recuerdos y compañeros serán incluidos, por lo que les pido disculpas, es apenas un pincelazo modesto de lo que sucedió y guardaba en mi memoria personal.
Rindo homenaje a mi familia que supo soportar al igual que muchas otras las penurias del abuso, la persecución, la tortura, el confinamiento o el exilio.
Recuerdo con gran cariño a mi hermano Raúl, que sin aún militar en ningún partido y ser un deportista notable en Sucre, fue detenido por mi culpa para ser intercambiado conmigo, en ese momento decidí sacrificarlo y no entregarme, pero pudo más la dictadura y luego de que fui arrinconado, balaceado y detenido lo liberaron.
Qué decir de mi padre Germán, pese a estar en otro bando político, siempre estuvo presente apoyándome pese a las presiones de los suyos, mi madre la heroína anónima siempre en la trinchera junto a mis hermanos y familiares.
Cómo olvidar a Cayetano Llobet con el que junto a otros siete locos en Sucre fundamos el PS-1 en Chuquisaca y luego me recibió con afecto de hermano en el campo de concentración de Cabinas donde también estaba preso y conocí a varios otros a los que hasta ahora admiro por su solidaridad y templanza uno de ellos Carlos Soria.
Cómo olvidar la casa de seguridad de la calle Comercio de La Paz ahora edificio del Parlamento, donde los presos de Sucre compartimos nuestros miedos, dolores, recuerdos, luchas y aprendimos a contar chistes que era en lo único que no podrían ganarnos los tiras.
Por un huequito de la puerta de nuestra celda pude ver a Simón Reyes, el gran dirigente cobista y militante del Partido Comunista, con el que luego coincidimos en el Parlamento como diputados.
Imposible apartar de mi memoria a uno de mis mentores, Ramiro Velasco Romero, que fue quien redactó el pliego acusatorio del PS-1 contra la dictadura e injustamente me asignaron esa tarea cuando él debía ser el que nos represente en la sesión de Congreso. Ramiro no solo fue un gran intelectual sino un gran hombre, noble en extremo.
Recuerdo los apodos o nombres de guerra tan queridos como Jalisco, Enrique, Corcho, Loro y otros tantos más con los que nos reconocemos y recordamos en la distancia así no nos veamos.
En la Corte Suprema de Justicia pusieron la cara Juan del Granado, Carlos Borth, Freddy Padilla y Julio César Sandoval, que con su vitalidad y argumentación jurídica lograron 30 años de cárcel para los dictadores.
Ellos son unos cuántos, pero hay miles más con valiosas historias que deberían ser escritas para que las generaciones actuales tengan constancia de que la democracia no fue producto de ninguna concesión, sino más bien de intensas luchas de personas de carne y hueso.
Quieren que me olvide de ellos y de lo que aportaron al país con el simplón argumento de “no los de antes” están locos, el no reconocerlos en sus luchas es infame, a ellos les debemos la democracia, los de ahora tienen la obligación no solo de proseguir el camino sino de ampliarlo y consolidarlo.
Han transcurrido 44 años de tan nefasto golpe y todos los gobiernos desde 1982 a la fecha han sido incapaces de cerrar las heridas que aún nos laceran, ninguno de ellos ha efectuado los esfuerzos necesarios para encontrar los restos de Marcelo Quiroga, Gualberto Vega y Carlos Flores y entregarlos a sus seres queridos para que tengan una digna sepultura, los neoliberales podrían tener algún argumento para no hacerlo porque algunos fueron promotores y cómplices, pero los que nos gobiernan hace 18 años ningún justificativo, es más tienen la obligación de desentrañar este capítulo en lugar de utilizar abusivamente el nombre de Marcelo Quiroga poniendo su nombre en leyes que justifican la persecución ilegal del opositor o queriendo revivir una gloriosa sigla con fines alejados de los principios que sustentó Marcelo y de los sueños de esos jóvenes que dieron todo.
No tengo ninguna esperanza que este 17 de julio el gobierno anuncie nada en memoria de los combatientes contra la dictadura excepto verse en el espejo de 1980.
Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
