
n Bolivia y Perú vamos a elecciones en abril de este 2026; acullá este domingo, el 12, en primeras vueltas, y por acá, el 19 en departamentos donde merite; allá, en comicios generales, acá en segunda vuelta para gobernadores. Al oeste de Los Andes, se votará por 198 elegidos: un presidente, dos vicepresidentes, 60 senadores (reestreno ahora desde la Constitución fujimorista de 1993), 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino —¿se ha preguntado usted para qué sirve y ha servido ese bodoque?—; al este andino, cinco gobernadores. En Perú competirán 35 listas, desde la izquierda más izquierda (castillismo en medio) hasta la derecha “pesada” (transversal a casi toda los no-wokes, la visión liberal), pasando por los tres centros (centroizquierda, centro y centroderecha) y el libertarismo, mientras que en Beni, Chuquisaca, Oruro, Santa Cruz y Tarija cinco siglas (AGN, CDC, JACHAJAKISASOLFESORCE, MNR y la oficialista PATRIA —improvisada a la rápida) se disputan ganar, las que van desde centros (ya sabemos que nunca existe uno no más) hasta derecha tradicional (con el fenómeno electoral de FSB que, colgada en otra sigla, se intenta redimir tras 76 años de sequía y sin olvidar el MNR), pasando por indigenismo.
Salvando que al oeste de Los Andes se juegan la Presidencia y el Congreso y acá al este sólo Gobernadores, pudiera parecer vano este ejercicio de análisis pero, paciencia, no lo es: tanto nos parecemos y, a la vez, no tanto nos parecemos (sin olvidar que por querernos mantener unidos a Perú en su Gran Colombia, el Libertador no nos dejó ser Bolivia hasta el 3 de octubre de 1825, casi dos meses después de que la Deliberante nos reuniera a las cinco provincias de El Alto Perú ya independientes). Vamos un poco atrás.
Para Perú, el período redemocratizador se inició en 2000, tras el fujimorato (una dictablanda corrupta); en Bolivia, en 1982, tras la narcodictadura garciamesista. De 2000 a hoy (sin contar ésta), Perú ha tenido cinco elecciones presidenciales y trece presidentes (dos por sucesión vicepresidencial y el resto salido del Congreso), de ellos cuatro en la cárcel, uno en domiciliaria y otro se suicidó para evitar detención; desde 1982, Bolivia ha sido gobernada por doce presidentes salidos de once elecciones (una fue víctima de persecución con cárcel y otro anda pendiente de ser detenido escondido bajo las polleras y el narcopoder del Chapare). La economía del Perú (a pesar de ser afianzada desde el período fujimorista) ha sido ejemplar de cómo se debe manejar en uno de nuestros países —a pesar de gobiernos y desgobiernos— y la de Bolivia, tras el interregno del 1985 hasta 2002 (aunque a duras penas al final), fue en creciente desastre hasta hoy —en ansiado pero paulatino proceso de recuperación.
Queda, en panorama nacional, qué fuerza tuvieron los Congresos en esos períodos y la autonomía de las regiones. En Perú, los distintos Congresos unicamerales marcaron el paso de los gobiernos (sume cuántos presidentes terminaron sus mandatos: tres) y no les hicieron cerviz; en Bolivia, hasta el 1997 fueron contraparte y luego (sobre todo desde 2006) peldaño y zanca compinchado del gobernante de turno.
Queda mencionar autonomías. En Perú, el nivel mayor son los gobiernos regionales, 25, disfrutando de real autonomía constitucionalmente desde 2003; en Bolivia, el mayor nivel lo ocupan los nueve departamentos y se “la reconoce en papel” desde la Ley Marco de Autonomías y Descentralización N° 031 de 2010 (hasta ese año cuatro departamentos —Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando— impulsaron sus propios procesos autonómicos y sus poblaciones aprobaron sus Estatutos… luego desconocidos “por inconstitucionales” por los Gobiernos masistas).
Claro, esos des-gobernantes que se olvidaron para ello de la memoria de cómo las cinco provincias independientes (Charcas, Cochabamba, La Paz, Potosí y Santa Cruz, de las que luego surgirían Beni, Oruro y Pando y se les acoplaría Tarija) que fueron a la Asamblea Deliberante de 1825 con su pensamiento federalista frustrado por el centralismo secante de Bolívar.
Para Perú, es momento de que —quienes triunfen— sigan avanzando en su economía y, a la vez, construyan estabilidad política. Para Bolivia, es tiempo de urgencias: las del consenso, las de dialogar, las de perder Hubris, las de acabar de avanzar y las de aprender de todos los errores, sobre todo los propios pero también de los ajenos.
Por eso, glosando a Mateo (9:35-38) y Lucas (10:2), para Bolivia hoy podemos decir que «La mies es mucha, pero los obreros [aún] pocos»; para Perú, que sus nuevos gobernantes no se engolosinen y ordenen el Poder pero abonen la Economía.
Gracias.
José Rafael Vilar es consultor político.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la línea editorial de Datápolis.bo.
