
l prebendalismo socava la institucionalidad democrática de cualquier Estado. Sustituye las reglas impersonales por lealtades personales. Donde debería haber procedimientos, manda la discrecionalidad y donde debería primar el mérito, prevalece la cercanía al poder. Sucedió en el país con las dictaduras militares y en la época neoliberal, pero definitivamente se enraizó durante el populismo autoritario del MAS. El resultado es un Estado eficiente para quienes están dentro de las redes clientelares, y arbitrario e inaccesible para el resto de la sociedad. Se habla de meritocracia, pero es pura verborragia.
El prebendalismo es una forma de ejercicio del poder en la que los recursos del Estado —cargos públicos, contratos de obras, subsidios, obsequios con el dinero de todos— se distribuyen como recompensas personales o políticas, en lugar de asignarse según criterios institucionales o de mérito. Una de las máximas expresiones de este fenómeno ha sido el funesto grupo de cinco magistrados prorrogados del Tribunal Constitucional. Hoy por ti, mañana por mí, pero de la peor forma.
El prebendalismo erosiona la calidad de la democracia porque distorsiona la representación, debilita el Estado de derecho y perpetúa las desigualdades. En la Bolivia de los últimos 20 años se materializó mediante la entrega discrecional de obras públicas y el uso clientelar de programas sociales. Evo Morales y Luis Arce convirtieron lo público, lo que pertenece al conjunto del país, en patrimonio de unos cuantos, de las cúpulas de las facciones masistas. La población dejó de ser sujeto de derechos y comenzó a verse como beneficiaria de favores.
El gobierno de Rodrigo Paz caracterizó ese trastocamiento de valores como el Estado “cloaca” o el reino de la corrupción institucionalizada. Antes, en su calidad de senador y candidato presidencial, cuestionó la prebendalización y, aunque se tomó unos meses, ya como presidente, el 6 de abril, lanzó el Decreto 5600 para anular 161 decretos supremos puestos en vigencia en los regímenes del MAS para adjudicar obras y servicios de manera directa, el sumun del esquema prebendal.
La iniciativa fue bien recibida y mereció comentarios positivos en la mayoría de los streamings de contenidos noticiosos que se producen en varias ciudades del país y en diferentes horarios. Me han comentado que en esferas gubernamentales se ha instruido monitorear estos espacios digitales por los altos niveles de conexión con la gente. Entonces, habrán observado que se valoró el haber volcado la página en el oscuro capítulo del prebendalismo institucionalizado.
Pero, no pasó mucho tiempo y el “toma y daca” de la prebendalización volvió a aparecer en el municipio paceño de Achacachi, cuna los Ponchos Rojos, y en el Distrito 8 de la ciudad de El Alto, donde está ubicada la combativa zona de Senkata, con el obsequio de parte del presidente de dos camionetas a dirigentes campesinos de Achacachi y de un vehículo a la dirigencia vecinal en uno de los distritos clave de la urbe alteña. Hacer regalos a cambio de apoyo social.
En el streaming Último Momento, que realizamos Amalia Pando, Mavi Huici y yo, preguntamos a quienes siguen el programa: ¿Apoya usted que el presidente Rodrigo Paz haga regalos a los dirigentes de los sectores sociales? El 97% de las 3.085 participaciones respondió No. Contundente. Una condensación del repudio ciudadano a la entrega de “espejuelos” pagados con recursos de todos.
Tomando a radio Alternativa como fuente, se mencionó que el dirigente que recibió el coche en El Alto de manos del actual del mandatario es Policarpio Acarapi, un conocido agitador del MAS en Potosí que ya fue beneficiado por Morales y Arce con el obsequio de un vehículo por cada uno de ellos, lo que supone que ya tiene tres motorizados, toda una flotilla prebendal.
Escuché de gente del Gobierno justificaciones disparatadas como que se decidió cruzar políticamente al evismo con esos regalos, a fin de neutralizar las venideras movilizaciones sociales por el aumento salarial, las exigencias sectoriales y la solución a la crisis de los combustibles, entre otras demandas. Hay que aclarar, sobre todo a los actuales gobernantes, que prebendalismo es prebendalismo, y que, si continúan usando ese cuestionado mecanismo, no solo erosionan la democracia, hacen de Bolivia un país de pedigüeños.
