
ay cuestiones fundamentales y una de ellas es la estrategia de Seguridad Nacional y que se constituye en una política de Estado; se debe caracterizar por su capacidad para superar agendas particulares y que involucre al conjunto de la sociedad, entendiendo que las amenazas son cada vez mayores y han avanzado debido a la mayor potencialidad y capacidad de sus actores. La importancia que se atribuye a la seguridad del Estado es inherente para la supervivencia y prosperidad del mismo. Si las amenazas y la incertidumbre evolucionan y se incrementan, el escenario se hace cada vez más complejo y la tarea de conseguir seguridad se transforma en un tema imprescindible para generar capacidades de atención e implementación del Poder que el Estado posee y que el gobierno ejerce. Puesto así suena una maravilla.
Al parecer, en el país, los enfoques o por lo menos lo que se ha mostrado hasta ahora en temas de seguridad son insuficientes para garantizar la tranquilidad del Estado, para proteger sus intereses, para asegurar el bienestar de la población y, para contribuir efectivamente a la seguridad nacional. En esa línea la seguridad nacional se constituiría en un ideal muy difícil de alcanzar. La solución dice que el enfoque de seguridad responda a los propósitos del Estado, de tal manera que, a partir de ello, se puedan establecer las bases para intentar un sistema que contribuya, verdadera y efectivamente, a garantizar la seguridad.
La seguridad interior, es motivación más que suficiente para analizar cuáles son los efectos del ambiente político interno. Es necesario recordar que buenos niveles de gobernabilidad y de estabilidad política, constituyen fortalezas para impulsar acciones que sirvan para alcanzar la prosperidad y tranquilidad que facilitan el desarrollo de la sociedad.
No en vano, el propio Aristóteles se refiere a lo peligroso que es cuando “se introduce el desorden en la república”, porque ello puede conducir a la disolución de las asociaciones, a la insuficiencia de las leyes existentes, a situaciones que favorezcan la insurrección y a que los “demagogos” impulsados por el “deseo de agradar al pueblo” practiquen la “política confiscatoria”. Ante tal escenario, se debería fortalecer la seguridad de la nación adoptando medidas precautorias y promulgando leyes que sirvan a la conservación de ella; en esos rubros no hemos aprobado la materia. En consecuencia, el orden al interior de nuestro Estado, traducidos en gobernabilidad y estabilidad política, ha sido negativo.
Hay que recordar que la gobernabilidad se mide a través de indicadores tales como: la efectividad del gobierno, la calidad del marco regulatorio general, la ausencia de terrorismo, la ausencia de violencia generalizada, la participación de los diversos sectores de la sociedad nacional, el grado de control de la corrupción, la situación del estado de derecho y la estabilidad política. Muchos de estos indicadores han sido violentados. Por su parte, la estabilidad política, también reconocida como estabilidad democrática, se sustenta en dos componentes principales: el primero es un alto nivel de tolerancia política, en tanto que el segundo se refiere a la actuación del sistema como apoyo a la estabilidad. Tampoco se están cumpliendo. La estabilidad política, como uno de los indicadores de la gobernabilidad, adquiere importancia especial debido a que su existencia implica que los ciudadanos otorgan legitimidad a sus instituciones, reconocen los poderes del estado y valoran su accionar, y respetan los derechos de todos los sectores de la sociedad nacional. Esta estabilidad está siendo dañada. La tolerancia política implica el respeto a la libertad de expresión, el derecho al voto y el derecho a las demostraciones políticas y sociales pacíficas. Somos históricamente intolerantes. Por su parte, con relación al sistema de apoyo a la estabilidad política se distinguen, el respeto a los derechos ciudadanos, el respeto a las instituciones políticas y la garantía del legítimo juicio ante los tribunales instituidos, aquí estamos en números negativos. Estos indicadores de gobernabilidad sumados a los componentes de la estabilidad política, son instrumentos que deberían permitirnos asegurar un buen ambiente político interno, que garantice el funcionamiento del Estado en condiciones de normalidad, sin que existan más vulneraciones que garantías que definitivamente terminan por afectar la seguridad, pero …, estamos como estamos.
Para evitar la disgregación peligrosa entre “el poder político y el poder social”, es indispensable que los que participan del quehacer político, entre ellos los que integran el poder ejecutivo y el poder legislativo, especialmente, sean capaces de entender el ambiente que existe al interior del Estado en su amplio contexto, parece que la mayoría, en ambos poderes, no terminan de enterarse. Para que lo anterior sea posible, es fundamental que los políticos, en general, posean conocimiento, preparación y experiencia, sumando a ello virtudes propias del líder que prioriza el bien común y la seguridad y prosperidad del Estado, porque de lo contrario predominará la disputa y la competencia por el poder. Estas debilidades conducen a la inestabilidad política y a la debilidad de la gobernanza, generándose un ambiente político interno complejo que afecta nuestra seguridad.
Pero la situación es aún más compleja, porque en condiciones más graves, como las actuales, se pretende conducir a procesos reversivos y de desconocimientos de la democracia, se quiere transformar el ambiente político interno por la vía del rompimiento de la legalidad y el abandono de la competencia política pacífica. Con lo anterior, se quiere romper el equilibrio que debe existir entre fuerzas contrarias, con el único objetivo de generar espacios para retornar a sistemas políticos anteriores, como si el fastidio de unos cuantos sectores sean el descontento de la sociedad nacional. Este fenómeno político, está impactando negativamente en el carácter y en la moral nacional, está degradando la determinación para afrontar esfuerzos que nos sirven para vivir primero, y para contar con la seguridad que el Estado necesita para su supervivencia. Necesitamos un gobierno solido.
Fernando Berríos Ayala es politólogo.
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