
os bolivianos vivimos una escena que se ha vuelto frecuente: largas filas en los surtidores de gasolina y diésel, horas de espera y una creciente irritación social por el desabastecimiento. Debemos resistirnos a pensar que esto forma parte de la normalidad.
Sin embargo, lejos de los surtidores ocurre algo que parece contradecir esa escasez.
En los alrededores de la planta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), en Palmasola, se acumulan cientos de camiones cisterna cargados de gasolina esperando descargar. En algunos momentos se ha hablado de 400, 500 y hasta cerca de 700 cisternas en fila.
La pregunta es inevitable:
¿Cómo puede faltar gasolina en los surtidores si hay cientos de cisternas cargadas esperando ingresar a una planta?
La explicación oficial señala que el combustible debe pasar por un proceso interno de control y mezcla con aditivos antes de volver a cargarse para su distribución.
En otras palabras, el sistema funciona así:
La gasolina llega importada en cisternas; aproximadamente el 60% de la gasolina que consumimos proviene del exterior.
Debe ingresar obligatoriamente a la planta para descargar.
Allí se mezcla con aditivos o componentes de mejora.
Luego vuelve a cargarse en cisternas para recién ser enviada a los surtidores. Este procedimiento, cuando el flujo de camiones es masivo, genera un gigantesco cuello de botella logístico.
Mientras cientos de cisternas esperan su turno para descargar, el combustible no llega a las gasolineras. Y mientras eso ocurre, las filas se vuelven interminables. La paradoja es evidente: la gasolina existe, pero el sistema de despacho la inmoviliza.
En muchos países, entre ellos Chile y Perú, se utilizan sistemas de despacho directo o de mezcla en línea que permiten:
- Incorporar aditivos en terminales rápidas o mediante sistemas automatizados;
- Añadir los aditivos automáticamente durante la carga de las cisternas;
- Despachar directamente desde las cisternas hacia los surtidores;
- Controlar todo el proceso mediante trazabilidad digital y monitoreo satelital.
Esto permitiría romper el cuello de botella de las plantas centrales y acelerar la distribución.
Porque el objetivo final no es cumplir un ritual burocrático de descarga y recarga de cisternas. El objetivo debe ser que la gasolina llegue oportunamente a la población.
Si hoy existen cientos de cisternas cargadas esperando ingresar a una planta, entonces el problema ya no es de abastecimiento. Es un problema de logística. Como diría mi abuelita: “proponerse hacer las cosas mejor, no cuesta”
Jaime Navarro Tardío es político y exdiputado nacional.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
