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ara este año ya no tan nuevo, el Gobierno ha anunciado una política de reajustes de días laborales de tal manera que tendríamos más feriados largos. No se trata precisamente de una novedad ya que en otros países se aplican incentivos al sector turístico mediante feriados largos.

En Argentina, por ejemplo, para 2026, se ha previsto un total de 12 feriados inamovibles; es decir, los días que no son laborales cada año, a los que se ha agregado cuatro feriados trasladables y tres días no laborables con fines turísticos.

El primer feriado largo de Argentina será el mismo que el de Bolivia, el del Carnaval: comenzará el sábado 14 de febrero y se prolongará hasta el martes 17 del mismo mes.

En nuestro país, el siguiente feriado largo será el del jueves 4 de junio, por Corpus Christi, al que se agregará el viernes 5 como día no laborable. En Argentina, en cambio, su siguiente feriado será el del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que es el 24 de marzo y este año cayó en martes.

Lo que hizo el gobierno argentino fue declarar día no laborable al lunes 23 de marzo, así que ahí habrá otro feriado largo. Al mes siguiente hay otro feriado en el vecino país, el del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas, que cae en el jueves 2 de abril, así que su gobierno declaró día no laboral también al viernes 3.

Los feriados largos tienen el propósito de incentivar el turismo interno. Con información anticipada de cuáles días no serán laborales, los trabajadores pueden programar viajes dentro de su mismo territorio, lo que dinamiza la economía.

En otros países, como Argentina, ya se trata de una política de Estado, pero en Bolivia nos parece novedoso y no falta el que cree que los feriados largos son perjudiciales para el aparato productivo, cuando lo que ocurre es exactamente lo contrario.

El problema es que mientras otros países se han acostumbrado a los feriados largos; los bolivianos casi llegamos a naturalizar los bloqueos, que son medidas que paralizan el aparato productivo y causan grandes pérdidas económicas.

Hemos llegado a tal punto que personas con notorios límites en su capacidad de razonamiento han llegado a decir que los bloqueos ya forman parte de la idiosincrasia boliviana, o bien los reivindican como la medida de protesta más efectiva.

En el pasado reciente, los bloqueos eran protestas a la que se apelaba como último recurso, luego de que todo intento de diálogo había fracasado. Ahora, en cambio, es la primera medida que se aplica perjudicando no solo al libre tránsito por el territorio nacional, que es una garantía constitucional, sino también a la economía nacional.

Por ello, ha degenerado de método de lucha a acción criminal y así es como se la debe considerar. Decir lo contrario, o justificarlo, es seguir, así sea involuntariamente, la ruta que trazó el MAS y nos llevó a la crisis de la que no terminamos de salir.

Los bloqueos tienen que criminalizarse y el turismo debe ser fomentado, porque es generador de divisas. Los feriados largos son un buen primer paso, así que tendrían que multiplicarse.

Juan José Toro Montoya es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.