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espués de una sucesión de advertencias, planteadas prácticamente desde el inicio de la gestión del gobierno de Rodrigo Paz, finalmente Samuel Doria Medina decide dar un paso al costado y "seguir por un camino separado".

Los argumentos esgrimidos por el líder de la Alianza Unidad son muy preocupantes: "la razón principalmente es ética", pero también incluyen la "forma de hacer o no hacer las cosas". Dicho de una manera menos elegante, Samuel Doria Medina cuestiona la integridad del gobierno y la manera en que este ha venido conduciendo su gestión.

Y es que, la verdad, son varios los escándalos que no han sido del todo aclarados. Para muestra, las "narco-maletas". Hasta el día de hoy, nadie sabe qué contenían, adónde fueron llevadas, quiénes son los responsables y demás "detalles" relevantes.

En cualquier parte del mundo, un caso así habría provocado consecuencias inmediatas en los distintos niveles bajo sospecha de involucramiento, pero aquí se hizo muy poco.

La "narco-madera" también es alarmante. Casi una tonelada de cocaína impregnada salió de Bolivia en las "narices" de mucha gente, pero las investigaciones todavía no conducen a ningún responsable.

Que un escándalo de semejante magnitud quede sin responsables, o con acusados de un rango menor, no deja de ser altamente sospechoso. Y la suspicacia, como se sabe, va convirtiéndose en una especie de estado de ánimo social que pone en la mira al gobierno.

Y, en la misma materia de "equipaje", por lo menos misterioso, debe añadirse el de los casi 200 kilogramos de oro que estuvieron a punto de ser embarcados a Dubái. Si alguien cree que puede sacar semejante botín desde un aeropuerto local es porque tiene la seguridad de que no encontrará problemas en los puntos de revisión regular.

Sobre los parentescos, amistades y familiaridades existentes detrás de algunos asuntos "turbios", no vale la pena hablar sin algún nivel de certeza, pero no se puede evitar que el rumor y el comentario público vayan en direcciones inesperadas y comprometedoras para el gobierno, precisamente por el antecedente de que todo queda sin investigar o entre sombras.

Mientras queden preguntas sin respuesta, investigaciones sin responsables y pesquisas sin rastros, el ciudadano siempre va a pensar en lo peor, y mucho más ahora que un aliado del gobierno decide alejarse tras cuestionar la "ética" gubernamental y, en parte, también la dificultad que tiene para hacer las cosas bien.

Doria Medina se va con un mensaje muy preocupante, que pone en entredicho la integridad y la capacidad del Ejecutivo. Es lógico pensar que, ante esto, habrá muchos que se pregunten, con cierta angustia y con dolor de país: ¿en manos de quiénes estamos? La respuesta debería reflejarse en acciones, algo en lo que por cierto también tiene muchas deudas el gobierno.

Hernán Terrazas Ergueta es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.