
umbo al 22 de marzo, día de las elecciones departamentales y municipales, oportunidad en la que la gente elegirá a sus gobernadores, asambleístas, alcaldes y concejales para el mandato del 2026-2031, que vienen a constituirse en los protagonistas del proceso electoral, es decir: candidatos y votantes habilitados por el padrón electoral, que son más de siete millones de bolivianos.
Pero en esta dialéctica hay un tercer actor que es más que fundamental y que en los últimos tiempos ha sufrido una serie de agresiones, insultos, descalificaciones, denuncias, descontentos: el periodismo y los periodistas, que en muchos casos han tomado partido por un determinado candidato, lo cual no es ético y contradice con los principios básicos del ejercicio periodístico, que es tomar distancia con el poder.
Hoy estamos más comunicados e informados que nunca. Cada día nos alimentamos con un tsunami de hechos noticiosos de todo calibre, calidad e intereses. Pero ahí está el periodista que debe ganar cada día la batalla por la credibilidad, sin excusas ni argumentos. Es la batalla más fuerte, más grande y la que requiere de toda la capacidad, ética y compromiso con la verdad y el pueblo. Tiene como competidores a quienes se disfrazan de periodistas: infuencers, tiktokeros que llegan a tener miles miles de seguidores y de yapa ganar sus buenos dólares.
Precisamente en esa dinámica electoral que impulsa el ejercicio de los derechos políticos que tienen los ciudadanos, es que la labor de la prensa se yergue como un pilar para fortalecer a la democracia y para aportar a la formación del pensamiento crítico del votante, con ese elemento, que se ha constituido en un alimento vital para la gente, como lo es la información. Es decir, en la medida en que los periodistas y los medios generen y difundan calidad de información, aportarán a la educación del votante para que pueda discernir y ejercer de la mejor manera su voto.
El maestro del periodismo de Colombia, Javier Dario Restrepo, quien fuera Defensor del Lector de “El Colombiano”, nos lanza algunas provocaciones: “El periodista debe pensar en la gente, buscar datos que sirvan a los votantes. El medio de comunicación que ha tomado como guía el beneficio de la sociedad a la que informa, que rechaza toda actividad distinta de la de comunicación, que compromete a sus periodistas a mantenerse independientes respecto de los poderes para informar con libertad, que está convencido de que lo suyo es contar la verdad de historias diarias y que esta tarea es importante como ninguna, eso es lo ideal”.
El periodismo es una apuesta por los derechos humanos; toda información es un poderoso instrumento que debe generar cambios de toda situación de injusticia, de intolerancia, de abuso de poder, de explotación, y, sin duda, en un régimen democrático los gobernantes deben constituirse en garantes para la vigencia de un sistema de derechos humanos, establecido en la Constitución Política y en varios tratados internacionales, suscritos por el Estado, obligado a su cumplimiento.
El periodismo es una opción permanente por la democracia, el respeto a las ideas, a los derechos humanos, a la vida, a la libertad, a la lucha de mejores condiciones de vida. El periodismo es una exigencia e interpelación de la sociedad y de sus gobernantes a que respeten la paz social, la tolerancia y el futuro que todos debemos construir.
Y volvemos con Restrepo para reafirmarnos la tesis del título: “El periodismo no es un poder, está prestando un servicio. Tenemos que demostrar a la gente el poder que tenemos es el que ellos tienen, porque en realidad, el poder no es de los medios de comunicación, sino de la sociedad y el medio es tanto más fuerte mientras más vinculado esté a la sociedad. Los medios que sobreviven son los que la sociedad considera que son suyos, los que no sobreviven son los que se distanciaron”.
Ojo que el servir y acercarse demasiado al poder perturba la capacidad crítica y análisis serio del periodista, que tendrá un bozal.
Hernán Cabrera Maraz es periodista y filósofo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
