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ara importar un producto —como en cualquier negocio— se establecen las condiciones: el precio, el plazo y lugar de entrega, términos de pago y, necesariamente, las especificaciones de calidad. La calidad de la gasolina es precisamente el detalle que interesa, una vez que, desde hace más de tres meses, se han suscitado escándalos y perjuicios económicos comprobados, por daños mecánicos en miles de vehículos del parque automotor boliviano.

Los contratantes, incluyen la "Ficha Técnica"* donde se mencionan los valores máximos de impurezas: agua, cenizas, residuos gomosos, manganeso, otros contaminantes sólidos; y los valores de buena calidad mininos aceptables —el octanaje como principal—; acordados esos factores, el importador-comprador manifiesta su conformidad o rechazo, al momento de la entrega.

Para controlar la calidad de los combustibles importados, lo recomendable es contratar una empresa de reconocida experiencia internacional, y de modo inexcusable respetar la normativa para el control de calidad; desde la importación hasta la distribución y venta final en estaciones de servicio. Primero, cuando el buque tanquero llega al punto de entrega —póngase por caso la terminal del puerto de Arica—, ¿quién es el responsable de aprobar o rechazar el combustible, antes de la descarga?

Segundo, trasvasado el líquido al tanque de Arica —cuyo mantenimiento y limpieza está a cargo del propietario—, el siguiente punto donde debe controlarse calidad, es cuando se carga el diésel o gasolina a la cisterna que transportará los líquidos hasta otro destino: las refinerías de Senkata, Gualberto Villarroel o Palmasola. ¿Quién es el responsable de verificar que la cisterna está en buenas condiciones para recibir la carga?; y al mismo tiempo, ¿quién acepta la responsabilidad de preservar la calidad durante el transporte?

Tercero, cuando el camión-cisterna llega a destino, por ejemplo, a Senkata, ¿quién es el responsable de certificar que no tiene contaminantes que pudieron afectar la estabilidad del líquido, y aceptar o rechazar el contenido?

Cuarto, los administradores son responsables de que los tanques en Senkata, Gualberto Villarroel y Palmasola estén limpios de contaminantes, ¿quién certifica que esa exigencia se cumple?

Hasta ese momento, son cuatro las operaciones donde se debe controlar forzosamente la calidad, y aplicar la trazabilidad en toda la cadena. Y aquí surge otra pregunta: ¿en qué operación descuidada apareció la perversa impureza, que los damnificados en su impotencia y rabia amargada le llaman "gasolina basura"?

Mientras que, desde el sector de hidrocarburos, con gentileza candorosa aceptaban tratarse de un lote de gasolina "desestabilizada".

A medida que la gasolina se vendía en las estaciones de servicio, los colores, olores y densidades cambiaban, se dijo que sucedió al añadirse alcohol en una mezcla inadecuada; se dijo de todo para explicar el inusitado desastre. Entre los argumentos se invoca el sabotaje, ¿en qué lugar, en qué momento y quién lo hizo? Imágenes ocasionales mostraron a un transportista de alcohol ofrecer a catorce bolivianos, hasta trescientos litros. En otro caso, se informó que una cisterna llegó con quince mil litros de agua. La información oficial del sector hidrocarburos, es de todas maneras inconsistente.

*Referencia: Ficha técnica DCMI-Bolivia.

Mario Malpartida es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.