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oco duró el encanto del acto de posesión de Rodrigo Paz Pereira como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. El bochorno comenzó con el vicepresidente Edmand Lara jurando con tereciana policial y contando su drama personal que poco interesaba a las delegaciones invitadas. En el siguiente capítulo, ya Lara era un estorbo a pesar de haber canalizado los votos orgánicos de organizaciones agrarias; sus promesas demagógicas quedaron en el cajón.

El flamante gabinete mostró que la meritocracia era para unos; surgió un tufillo de entorno con familia real y cumpitas. La punta del iceberg es el concuñado Mauricio Zamora, con alta responsabilidad para el ministerio más importante de la inversión pública. Tan poco informado de la historia de los bolivianos, de los paceños. Cada declaración suya hunde un poco más el barco.

Un giro inesperado fue el anuncio desde Israel de la reanudación de relaciones con Bolivia. La Cancillería boliviana no protagonizó los sucesivos boletines que siempre se publicaron fuera de La Paz. Todo sale de Tel Aviv. Es amistad con el gobierno genocida de Benjamín Netanyahu. Este lunes, desde Ginebra, la ONU insistió en esa acusación.

Los asquenazíes de ese régimen aconsejan matar a los árabes, mejor en el vientre de las mujeres o a sus niños en las escuelas, en los parques, en sus casas. Su discurso es de limpieza étnica. Esta semana miles se manifestaron en las principales ciudades europeas contra Israel. Con creciente frecuencia, los judíos escupen a los católicos en calles de Jerusalén. ¿Cuándo hubo un respaldo explícito de Israel a la democracia boliviana como ahora sale en defensa de Paz Pereira?

¿Por qué tanto apuro? Porque el otro socio preferido es Donald Trump, quien escucha más a Netanyahu que a sus parlamentarios. El presidente quiere anexar Canadá, apropiarse de las tierras raras y de minerales en la estratégica Groenlandia. Secuestró a un presidente sudamericano y ahora quiere a Venezuela como Estado 51.

Con un ribete más. Trump ataca groseramente al Papa León XIV por su vocación pacifista. En cambio, los evangélicos realizan misas en el salón Oval alabando al mandatario estadounidense. Corriente religiosa conservadora que ya tiene cuñas en Bolivia; organiza contramarchas y quemas.

La ideología que sustenta a Donald se basa en la superioridad de una raza, de una nación. El movimiento MAGA desprecia a los de piel morena, los persigue, los apresa, los humilla, los deporta; separa familias. Asesina. MAGA se exporta fácilmente; tiene mucho dinero y poder. Un alto funcionario llamó chusma a los campesinos que bloquean.

¿Será que los estudiantes, obreros, campesinos bolivianos ignoran todo esto?

Al anochecer de aquel ya lejano 8 de noviembre, Paz recibió una hilera de cisternas recién pintadas en un claro acto de impacto pues la falta de combustible había sellado el final del ciclo del Movimiento al Socialismo (MAS).

Imagen perversa pues semanas después comenzaron a circular los rumores, oficialmente negados, desmentidos, que la gasolina traía basuras. No eran casos aislados, mezclas como sucede en estaciones rurales o cuando se compra en bidones. Era una epidemia. Cada explicación aumentaba la indignación generalizada. Decenas de vehículos dañados. Muchos transportistas deben dejar de trabajar y pagar costosos arreglos. Toda familia tiene al menos un caso que contar.

La gasolina fue la bomba que hundió a Rodrigo Paz y provocó las primeras salidas de funcionarios jerárquicos. ¿Cuántos dueños recibieron la compensación prometida?

¿Es responsable Evo Morales? Más bien parecería que es parte de un hambre atávica con la que entran nuevas administraciones para enriquecerse rápidamente.

O el consejo/contrato pírrico de otra amistad por demás peligrosa para el pueblo boliviano: Javier Milei, con quien se complementa el triángulo Netanyahu- Trump. Milei ha terminado de opacar a la Argentina culta y progresista del siglo XX.

De la mano de Milei llegó otra peste, menos tangible, que se llama Fernando Cerimedo, de quien no se sabe si tiene CV o prontuario porque confronta tantos procesos en diferentes capitales del continente. El monje negro convoca al gabinete, insulta a bolivianos, anuncia privatizaciones y desprecia a los aimaras. La pieza clave de la influencia MAGA en la Plaza Murillo y los temibles tentáculos con Hondurasgate y otros “gate” en Argentina. Nada es casual.

Ni hablar de las promesas incumplidas, entre ellas el cierre de la Aduana. El gobierno se estrenó con 32 maletas llenas de divisas; historia escondida pero no olvidada.

La aprobación de la ley 1720 de conversión de tierras es el ejemplo más elocuente de ese conjunto de ignorancia, improvisación y sordera. Más detonantes para encender la dinamita. Tuvieron que pasar sacrificadas marchas para que Paz se entere que la tenencia de la tierra importa a muchos.

Paz Pereira y sus voceros basan su defensa en una narrativa contra Evo Morales y el MAS. Lo sorprendente es que, desde la campaña, al estilo de su padre Jaime, Paz aprovechó un entronque silencioso para captar candidatos y operadores del MAS. El exministro Manuel Canelas merodea en diferentes ministerios; Leila Medinaceli, que juraba con puño en alto, además de sus vínculos familiares en gabinete; Fernando Ávila Mercado, otro cumpla y familiar. “Neurona” presente.

Este extraño matrimonio MAGA MAS (des) gobierna Bolivia. El aprendiz de MAGA usa la varita provocando la furia desbordada de las escobas enloquecidas.

Lupe Cajías de la Vega es periodista, historiadora.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.