
Sucesos en la plaza Murillo*
El miércoles 26 de junio de 2024, hacia las 14:30, el general Juan José Zúñiga, junto con un grupo de militares y algunos carros blindados ligeros, tomó la plaza Murillo de La Paz, con toda fluidez, sin interrumpir en ese momento de la tarde las actividades cotidianas en el entorno. Y luego −con ayuda de uno de los carros blindados− abrió la puerta del antiguo palacio de Gobierno para expresar, entre otras cosas, la molestia en las Fuerzas Armadas por los “ultrajes a la patria”.
Declaró, además, entre otros temas, que se iba a posesionar un nuevo gabinete y que ellos iban en contra del ministro de Defensa. La prensa relata que Zúñiga, en su encuentro con Arce en el pasillo del palacio, habría pedido la destitución del ministro de Defensa, Edmundo Novillo, y habría otorgado 20 minutos para ejecutar el pedido.
Más tarde, a poco de las 17:00, Zúñiga hizo declaraciones públicas que pueden resumirse en las siguientes frases: “Vamos a restituir la democracia y vamos a liberar a los presos políticos”; “basta de humillar a nuestro Ejército”. También dijo que una élite se había apoderado de la democracia los últimos 20 o 30 años y que esta “nos ha llevado a la situación actual, aprovechándose y utilizando a la gente pobre”.
Es importante destacar que estas declaraciones no tuvieron comentarios en la prensa ni han formado parte de los análisis de los hechos. Asimismo, es necesario apuntar que Zúñiga nunca hizo un planteamiento de toma del poder.
En el transcurso de la espera de Zúñiga, el Gobierno posesionó un nuevo Alto Mando de las Fuerzas Armadas, momentos después, Zúñiga y el grupo movilizado de militares abandonaron la plaza. Más tarde fue detenido en el cuartel general de Miraflores donde declaró a la prensa que las acciones del grupo militar que encabezó se trataban de una petición de Arce para recuperar su popularidad.
¿Quién es Juan José Zúñiga?
Zúñiga era general y comandante del Ejército, experto en inteligencia militar. Hay muchas acusaciones de corrupción contra él, incluso denuncias de vínculos con el narcotráfico. Se sabe también que forma parte de un grupo de élite castrense denominado “Los Pachajchos”, que tiene mucho poder de influencia en las designaciones del alto mando militar y en tareas de inteligencia, además de haber adquirido presencia y poder en las tareas de control del contrabando y otras actividades ilegales transfronterizas, según informan expertos en asuntos militares de Bolivia.
Asimismo, la designación de Zúñiga en altos cargos de dirección de las Fuerzas Armadas, tiene características de contar con un fuerte respaldo del gobierno del MAS, que viene ya desde el periodo de Evo Morales, respaldo que se confirmó también en la gestión de Arce Catacora.
Días antes, Zúñiga realizó una serie de declaraciones contra Evo Morales, amenazándolo con la cárcel, lo que muestra que no era enemigo de Arce. Según confirmó la ministra de la Presidencia, María Nela Prada, el día anterior le habían comunicado que lo iban a reemplazar del cargo.
Sobre el carácter del hecho
Hay una serie de incoherencias que dificultan definir o caracterizar ese hecho militar. Sin embargo, el hecho deja ver lo siguiente:
• El curso de los acontecimientos muestra que no había un plan bien estructurado.
• No parece haber una definición precisa de objetivos ni de parte del Gobierno, mucho menos de Zúñiga.
• El Gobierno no podía haber desconocido el desarrollo de la movilización ni sus preparativos. Esto implica que el Gobierno tiene alguna responsabilidad en los hechos; y ello se constituye en una de las bases argumentales para suponer que fue una especie de autogolpe o de autoatentado.
• Entre los móviles del hecho parecen estar:
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Un conflicto interno en las FFAA y de éstas con el Gobierno, particularmente en relación con la confrontación y beligerancia que sostiene con él, el bloque de Evo Morales (el día anterior se había decidido reemplazar a Zúñiga de su cargo, tras las declaraciones ya mencionadas en un canal de televisión).
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Un segundo móvil que interviene es el interés de Arce en una movilización de estas características para recuperar su popularidad. Reposicionar la idea de “golpe” que al inicio de su gestión le permitió cohesionar las bases del MAS y fortalecer sus relaciones con sectores internacionales de izquierda, parece ser algo útil para su imagen en estos momentos.
Zúñiga no dijo que era una toma del Gobierno, dijo sí, que su objetivo era manifestar la molestia de las FFAA. Por la forma y condiciones logísticas, su movilización no era suficiente para tomar el Gobierno.
Asimismo, según Zúñiga y según el mismo Gobierno, el movimiento no recibió el respaldo que esperaba del resto del ejército. No podemos comprobar la veracidad de esos argumentos.
Si hubiera habido una planificación bien elaborada, el gobierno habría contado con un plan para explotar la situación de acuerdo a sus intereses. Por ejemplo, hubiera aprovechado el contexto de alto riesgo para la seguridad del Estado, para tomar medidas constitucionales de emergencia que le permitan implementar los ajustes económicos que necesita para enfrentar la crisis y, probablemente también, reprimiendo a sectores de oposición y sociales en conflicto, con menor costo político y menores consecuencias para su imagen. Sin embargo, dadas las deficiencias del gobierno también podemos suponer que no existía ese plan, aunque después de los hechos, efectivamente, se les ha ocurrido aprovechar todas las aristas posibles, con el objetivo de fortalecer su poder.
IMPORTANCIA Y CONSECUENCIAS DE LO OCURRIDO
Atención mediática y cambio de alto mando militar. La sucesión de hechos definitivamente generó atención mediática completa no solo en el país, sino también a nivel internacional. Independientemente del acento o interpretación que el medio tenga de los hechos, se ha focalizado la atención sobre la crisis política que atraviesa Bolivia. Esto ocasiona que temporalmente la atención pública deje a un lado otros temas: la escasez de combustibles, la inflación, el riesgo de sanciones internacionales por la compra de combustible a Rusia, etc.
El intempestivo cambio del alto mando militar, justificado por esa “movilización irregular”, apunta presumiblemente a fortalecer el poder y control de Arce sobre las FFAA. Las consecuencias del consenso de que fue un autogolpe o autoatentado Cualquiera que hubiera sido el objetivo del hecho, en Bolivia predomina la idea de que fue un autogolpe o un autoatentado. Esto afecta el desprestigio del Gobierno y la opinión sobre su incapacidad para gobernar; o sea, tiene un alto costo político, a pesar de que ahora utilice todo su aparato propagandístico para atenuarlo.
Esta es la consecuencia política más evidente en lo inmediato
El respaldo de la comunidad internacional al gobierno de Arce Sin embargo, en el plano internacional, las reacciones casi inmediatas de gobiernos y organismos internacionales, que interpretaron los acontecimientos -sin fundamento en los hechos reales- de manera inequívoca como un “golpe o intento de golpe de Estado contra el gobierno de Arce”, fortaleció la imagen de este. Pero habrá que esperar a ver si, luego de la información más detallada, este respaldo permanece más allá de una fugaz reacción.
La muestra de una situación extrema de deterioro de las instituciones del Estado
Los sucesos del 26 de junio han puesto en mayor evidencia ante la sociedad y ante la mirada internacional el alto grado de deterioro de las instituciones del Estado, atravesado por pugnas internas partidarias y faccionarias, también al interior de las FFAA. Las incoherencias, contradicciones y carencia de planificación; la precariedad de las acciones y condiciones de seguridad de los poderes estatales; las actuaciones grotescas de altas autoridades militares y políticas, conllevan ese tenor de corrosión extrema de la institucionalidad del poder y su rol primordial de enfocarse a sostener un Estado de derecho y de garante de derechos.
EL CONTEXTO PARA ENTENDER LAS CAUSAS DE FONDO Y LOS PROBABLES ESCENARIOS
Estos hechos coyunturales no son suficientes para entender las causas de estos o los posibles escenarios que desencadenarán. Considerar el contexto es fundamental para tener una pauta de las razones reales.
La crisis económica Ya en el debate público, diferentes actores van generando información que evidencia el preocupante comportamiento de las variables de la crisis económica (problemas monetarios, energéticos, mercado exterior, déficit fiscal, mercado interno, deuda pública, etc.). Los problemas más graves de la crisis son la falta de dólares, combustibles y la caída en las exportaciones especialmente de gas, que no tienen perspectivas de solucionarse. Si bien ahora ya va ocurriendo de forma paulatina –sin importar cuanto lo niegue el gobierno– en el futuro es de temer una devaluación de la moneda, fuerte y de hecho, que daría lugar a una hiperinflación.
Mientras los militares, algunos militantes del MAS, la prensa y el presidente con su gabinete estaban centrados en la plaza Murillo, la mayoría de la población ante la incertidumbre política llenaba inmediatamente los supermercados, los bancos y surtidores.
Evidenciando cuál es la preocupación de fondo y las reales consecuencias de la incertidumbre política. El desenlace de la crisis económica ha pasado al campo político. Es decir que las salidas a la crisis económica dependen de decisiones políticas que asuman los actores –actuales o potenciales– que detentan el poder (Gobierno, Ejército, sectores políticos, especialmente partidos, comités cívicos y organizaciones sociales independientes).
Diferentes hechos pasados que reflejan las movilizaciones y demandas sociales en el plano económico confirman lo antes mencionado:
• Las movilizaciones motivadas por la falta dólares y demandas contra el sistema impositivo (especialmente de los gremiales)
• Las protestas y movilizaciones por falta de combustibles (especialmente del sector del transporte pesado),
• Las demandas y anuncios de movilización alrededor de la política de pensiones (con un rol relevante de médicos y profesores)
Otras medidas del gobierno que han tenido también impacto en protestas y demandas sociales: anuncios de medidas respecto de propiedad privada pequeña, los proyectos de normativa antiterrorista, el uso de los fondos de jubilación para comprar bonos del Estado, entre otros. Estos temas son muy sensibles; y si bien aún no están movilizando todavía a sectores específicos, son temas que van acumulando descontento.
La crisis política
El Gobierno de manera general ha llegado a controlar directamente o anular las instituciones de Estado y los grandes medios de comunicación. Sin embargo, la cercanía a las elecciones primarias y nacionales le generaron problemas para consolidar ese control de las instituciones del Estado, especialmente la Asamblea Legislativa, el Órgano Electoral y el Órgano Judicial. En este sentido, la oposición evista sin lugar a dudas ha sido el principal contendiente político de Arce. Oposición evista que, si bien ha perdido fuerza en sectores sociales y sus partidarios, en el aparato gubernamental ha recurrido a las críticas más relevantes y profundas de la gestión del MAS –incluida por supuesto su propia gestión– para intentar liderar los descontentos sociales. El resto de los partidos de oposición no logra representar a sectores populares, sectores grandes de las ciudades o ser portavoces del descontento generalizado de la mayor parte de la población.
Esta pugna entre facciones del MAS, ahora, recurre a diversas estrategias que a lo largo de los años han ido debilitando las organizaciones de sociedad civil. Pero además ha ido funcionalizando las estructuras institucionales del Estado; ha impuesto la polarización política como argumento para perseguir a voces discordantes; ha normalizado la persecución/judicialización/criminalización de líderes críticos al poder. La implementación de estas estrategias se va intensificando ya sin límites o propósitos claros, sin preocuparse por las repercusiones económicas o incluso sobre la viabilidad política del país.









