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l 14 de octubre de 1982, cuando se recuperó la democracia, Hernán Siles Zuazo manifestaba: “Gobernar Bolivia hoy es algo muy difícil por el ruinoso estado en que quedó tras las sucesivas administraciones de facto, por eso confío en el pueblo del país y en la solidaridad internacional, y lo que es fundamental, en que el gobierno sea ejemplo de autoridad, de decencia, de responsabilidad y de conducta, y no de la declamación, sino en la práctica”. Hoy se repite la historia y hemos heredado un país igual de ruinoso, no de los militares, sino de unos civiles convertidos en una lacra política que nunca más deberían volver. La política es cíclica y el discurso del actual mandatario Rodrigo Paz, iguala lo dicho por Siles Zuazo hace 43 años.

18 años de gobiernos militares en el país y un lustro de desajustes económicos, la crítica situación de las exportaciones bolivianas y al agotamiento del modelo del capitalismo de Estado impulsado desde 1952. La década de los 80 fue un período perdido para el desarrollo económico, industrial y social. La crisis de la deuda externa afectó a todos, en los gobiernos militares se cortaron programas, sobre todo en salud y en el agro. La frágil estabilidad se agravó con el manejo incorrecto de los fondos públicos en beneficio de personas, de grupos y de camaradas de las Fuerzas Armadas en desmedro de planes de desarrollo o de la atención social. No había atención al mediano o al pequeño productor agrícola y los grandes programas como el algodón en el departamento de Santa Cruz o el azúcar en el norte del departamento de La Paz ya eran un fracaso.

La agroindustria era incipiente y la producción a gran escala estaba todavía en sus inicios. No existía un contrato de venta de gas al Brasil y las relaciones comerciales con Argentina enfrentaban un dilema político por la cercanía de la Junta Militar de ese país con los fascistas bolivianos para provecho solamente de las cúpulas gobernantes. El cambio del dólar era un indicador del creciente proceso inflacionario y los “paquetes económicos” solo reflejaban la crisis interna. El contrabando crecía a gran escala y los ingresos del circuito coca-cocaína distorsionaban los datos estadísticos, fenómeno que hasta hoy se repite.

La Central Obrera Boliviana (COB) no participará en el futuro gobierno del presidente Hernán Siles Zuazo, a menos que obreros y mineros sean designados en más de la mitad de los ministerios y se implante un programa económico de “liberación nacional”, decía el secretario ejecutivo de esa organización, Juan Lechín Oquendo. Lechín afirmaba que ese programa económico debe ser “antiimperialista y sin ninguna vinculación con el FMI”. “La única forma que la COB aceptará cogobernar sería con un programa de economía de liberación, es decir, antiimperialista y sin ninguna vinculación del FMI, y que el gabinete sea integrado en más de 50%”, declaraba el 8 de octubre de 1982.

El presidente Hernán Siles Zuazo, junto a su vicepresidente, Jaime Paz Zamora, prometieron terminar con la crisis económica en 100 días. Aunque el binomio aparecía unido en las fotografías, era pública la fractura entre los aliados por las diferencias de enfoque para enfrentar los mismos problemas. Siles y su partido, habían aceptado la tesis mirista del “entronque histórico”, pero comenzaron el quiebre por el protagonismo de Paz Zamora a fuerza de imponer su imagen y su discurso, interna y externamente.

En aquella recuperación de la democracia boliviana, recibimos dos herencias perversas que hasta hoy no hemos podido superar: Una que mostraba cercanía con el narcotráfico, el crecimiento de las plantaciones de coca, su desvío al comercio ilegal y la relación del tráfico de cocaína con la política. La otra fue la corrupción, hermana siamesa de la dictadura, que sobrepasó los volúmenes y formatos superiores a los del MNR y que parece haberse institucionalizado hasta hoy.

El periódico Presencia publicaba el 27 de agosto de 1986: Se estudiará la explotación de litio en el salar de Uyuni. Técnicos nacionales y extranjeros, que se reunirán a partir de hoy en el congreso geológico boliviano, examinarán los estudios geológicos realizados durante los últimos años sobre el salar de Uyuni. De acuerdo con estudios preliminares, se tiene establecido que en el salar de Uyuni se encuentra una de las reservas más grandes de litio en el mundo. Asimismo, se cuenta con reservas de cloruro de potasio, carbonato de sodio, boratos y otros compuestos utilizables en una diversidad de procesos industriales. Son 39 años de no hacer nada.

Hoy se trata de estabilizar la economía y reducir el Estado, atacar enérgicamente el déficit fiscal, no más contrataciones en las empresas del Estado y cerrar las que no sirven, ampliar la frontera del capitalismo y recuperar el control sobre las finanzas, reordenar la administración del Estado y devolver la institucionalidad a sus instancias de gobernanza. Esa es la misión del nuevo gobierno, debe poder lograrlo.

“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” (George Santayana).

Fernando Berríos Ayala es politólogo.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.