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l 22 de marzo no es una fecha común en el calendario, pues ese día será el primer estertor tras la caída del gigante azul; ese paquidermo que asfixió el espíritu nacional y saqueó al Estado durante dos décadas.

De hoy a entonces, durante los siguientes tres meses, se desarrollarán las campañas de las Elecciones Autonómicas 2026 y los partidarios de cada sigla batirán banderas. Esa masa sedienta de espejismos ungirá a sus nuevos ídolos: candidatos a alcaldes, concejales, gobernadores y asambleístas; pequeñas deidades para un tiempo de mendigos.

Lo que presenciaremos no será una elección más; será una cruenta depuración necesaria, el incendio que precede a la nueva aurora.

El 22M será una trituradora de carne. En su engranaje se consumarán tres destinos: Primero, el nacimiento de pocos líderes de acero cuya prestancia, estructura y propuesta les hará emerger sobre el fango. Segundo, la jubilación de las sombras decrépitas, a pesar de los afanados esfuerzos de transfugio. El espectro del Chapare, quien un día fuera presidente y será el tormento de la nación mientras viva, dio la nota al quedarse sin sigla y ordenar a sus candidatos “donde sea, como sea, inscríbanse”, sin calcular que la desteñida forzada del azul le deja cada vez más disminuido. ¡Pero mucho cuidado! Quien ha convivido con las ratas no puede ser custodio de la alacena jamás. Y tercero, el aniquilamiento de miles de intrépidos que, por vanidad o angurria, osaron saltar a la arena sin tener sangre en las venas.

La evidencia es un grito en el desierto:

- La invasión de los superfluos: Treinta y cuatro mil almas mendigando por un rincón en el pesebre estatal. ¡Treinta y cuatro mil! Nunca hubo tantos hambrientos para tan poco alimento. Estamos invitados a presenciar la frustrada rebelión de los borricos contra la escasez del heno.

- La orgía de las siglas: Ciento ochenta y cuatro organizaciones políticas han brotado cual larvas de la putrefacción del partido único. ¡Extravagancia pura! Hay mucha sigla, pero falta el Logos; hay muchos "partidos", pero no hay Partido. Es el festín de los buitres tras el deceso del elefante.

- La mascarada de los amateurs: ¡Hay que ver quiénes aspiran a gobernarnos! La escena está infestada, en el mejor de los casos, de mucha buena gente sin experiencia a quien se le puede dar el beneficio de la duda; mas no la certeza de idoneidad. También desfilan en las listas de candidatos los saltimbanquis del TikTok, los mercaderes de la opinión y algunas afamadas cortesanas del aplauso fácil y cobro por QR.

El amateurismo es uno de los peores males de nuestra era y quizás el más peligroso, más aún si se aspira administrar la cosa pública. Buscamos estadistas y encontramos farándula y mediocridad. En medio de la crisis, cuando el poder exige manos de cirujano y voluntad de hierro, la oferta es un carnaval de juglares, bufones y pocas perlas.

Esta proliferación de cáscaras vacías es el síntoma de una decadencia terminal. Quedó demostrado que la Ley 2771, Ley de Agrupaciones Ciudadanas y Pueblos indígenas, no fue una apertura democrática, fue el veneno que disolvió la institucionalidad política para dar paso al comercio de las almas: el taxi-partido, ese vehículo alquilado para llevar a la mediocridad al trono en desmedro de los intereses de la patria.

Lo que viene a continuación es el espectáculo de la improvisación y mucho ruido, salvo contadas excepciones que se tomaron en serio el desafío y organizaron sus estructuras con la suficiente antelación.

Veremos disolverse simulación de política, escándalos, lloriqueos y el choque de las vanidades por encima de ideas claras. Pero es preciso que así sea, pues del caos surge el orden y del orden, el caos nuevamente; esa es la naturaleza cíclica de ambas fuerzas que ordena el universo y se replica en todo el cosmos, incluso en la política boliviana.

Hay que aprender la lección que la historia, con toda dureza y frialdad nos restriega en el rostro, nuevamente: no habrá futuro sin una voluntad de poder organizada; y todos y cada uno de los ciudadanos de bien, interesados en la transformación de la realidad en busca del bienestar social, debemos recobrar el ejercicio protagónico en la política. Solo aquel que se prepare técnica y políticamente, aquel que se atreva a superar la condición de rebaño y asuma la seriedad del oficio político podrá ser importante en la conquista de nuevos horizontes.

Entretanto se cumpla ese cronograma cívico aplazable, urge tomar consejo: no voten solo por un nombre, voten por aquellos precedidos de sus buenos frutos, que son capaces de superarse a sí mismos y den alternativas pertinentes y posibles. Que no vendan humo. No se queden en la superficie de la propaganda o contenidos sin contenido de las redes sociales, profundicen en las propuestas y analicen el desempeño de los candidatos en la campaña.

No se fíen sólo de las buenas intenciones ni del dulzor de las promesas pues de ellas está empedrado el camino al infierno.

Camilo Zilvety Derpic es artista escénico y psicólogo.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.