
efinitivamente: el periodismo debe aprovechar los actuales riesgos y desafíos para erigirse como el faro, el pilar y la herramienta poderosa de servir a la verdad y al pueblo.
A nivel mundial el oficio periodístico es el que permanentemente está acosado por el poder de turno, para quien no hay más razones y verdades que lo que ellos hacen o difunden.
A Trump no le gusta periodistas que le cuestionen. Milei ve a los periodistas como el mal de la sociedad. Petro no tiene piedad para criticar el periodismo independiente. Sheinbaum en sus mañanitas mexicanas no admite preguntas punzantes. Es un monólogo presidencial. Bukele no quiere periodistas que denuncian violaciones a los derechos humanos.
En Bolivia el gobierno ya empezó con la línea de ver al periodista como el enemigo de su gestión, así como lo hizo el expresidente Evo Morales.
Un pretendido juicio de una funcionaria del Estado al medio de comunicación de DTV por supuesto acoso y violencia mediática fue rechazado por la Fiscalía. Este proceso tenía el claro objetivo de generar miedo a los periodistas que se están atreviendo a desnudar los actos de corrupción, tráfico de influencias, contratos lesivos al Estado, uso de bienes del Estado para fines personales y familiares y obviamente silenciar a todos aquellos que denuncien al poder.
Otro riesgo para el periodismo es la Ley de Acceso a la Información Pública, que tuvo rápido avance para su aprobación, pero que la misma atenta contra los mandatos constitucionales referidos a la libertad de prensa y garantías para los periodistas. Este proyecto de ley fue rechazado de forma contundente por las organizaciones de la prensa.
Precisamente ante este escenario, y agregado a ello los tentáculos de las redes sociales, que generan, producen, difunden un bombardeo diario de noticias falsas, manipuladas, construidas y que favorecen a la incertidumbre, al odio y a las violencias, el periodismo tiene ahí una enorme y valiosa oportunidad de no caer en ese ruedo y constituirse en un salvavidas de la sociedad.
Para ello hay que asumir varios retos y volver a lo que es, lo que hace y para qué sirve el periodismo, ya sea en Bolivia, Colombia, México, Estados Unidos, Brasil y otros.
Varios periodistas se lanzaron a generar sus propios espacios virtuales de plataformas de noticias, de análisis y de ofrecer a la sociedad alternativas frente a otros grupos de prensa que están usando este noble oficio para la confrontación, para los falsos debates y para ganar dinero. Es el periodismo del like, que tiene en los influencers el mejor ejemplo del enorme poder que tiene el oficio, pero “deshumanizándolo y contaminándolo” con el circo, las mentiras, el show.
Pero el periodismo así como se los plantea en la formación profesional y desde sus orígenes tiene principios, valores y una dirección.
El periodista está presente en ese proceso y su tarea no debe reducirse a ser sólo un receptor y transcriptor de las declaraciones de los protagonistas, sino que su trabajo lo lleva a tomar posiciones objetivas y a comprometerse con la verdad, la ética y la libertad. El periodismo no es cualquier trabajo, es una misión.
El periodista español Juan Luis Cebrián plantea que los periodistas han de contar los hechos tal como sucedieron, no deben manipular los datos, ni resaltarlos a su conveniencia; tienen que ser rigurosos en la verificación, exhaustivos en las pruebas, puntillosos en los matices. La invitación está para ser “críticos, discutidores, polémicos y brillantes sin que la pasión por las palabras les aleje de la primera pasión por la verdad, sino sirviéndose de aquéllas para iluminar con mejor y mayor luz a esta última”.
De modo que gracias a esta plataforma que nos permite escribir y opinar de forma libre y responsable, me permito plantear un decálogo de vida y de ejercicio del periodismo, como fruto de la praxis de más de treinta años de periodista.
1. La primera obligación del periodismo es la verdad. 2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos. 3. Su esencia es la disciplina de la verificación. 4. Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y personas sobre las que informan. 5. Debe servir como un vigilante independiente del poder y guardar distancia de todo poder. 6. Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso. 7. Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y oportuno. 8. Debe seguir las noticias de forma a la vez exhaustiva y proporcionada. 9. Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia y 10. Asumir posiciones críticas y defender siempre la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la dignidad, la vida y la ética.
En Bolivia cuya Constitución Política en sus artículos 106 y 107 garantizan el derecho a la información, a la comunicación, a la libertad de expresión, a la opinión, a la libertad de prensa, pues es obligación del poder de turno no atentar contra esas libertades ni contra el oficio del periodismo que lo hacen hombres y mujeres, que con sus errores y logros, están luchando día a día para ganar la batalla de la credibilidad, “…para que su mensaje llegue con la contundencia de la verdad, y con la sabiduría de la prudencia, la caridad y el amor al prójimo. Para que sea un periodista orientador de conciencia hacia el bien común y a la paz de la comunidad y que sea capaz de dejar de lado su interés personal en cada acción comunicativa”, nos recomienda el periodista argentino Ricardo E. Trotti.
Hernán Cabrera Maraz es periodista y filósofo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
