
l encuentro en Cochabamba, convocado por el presidente Rodrigo Paz, desnudó la necesidad de concretar (cuanto antes) un gran pacto político no solo para resolver los problemas estructurales sino también para diseñar una nueva hoja de ruta nacional. A la convocatoria asistieron y participaron autoridades nacionales, departamentales, y municipales (nunca antes hubo algo igual). La cita fue positiva, pese a la coyuntura política nada auspiciosa. Rodrigo Paz anunció el tratamiento de un paquete legal, que parece imprescindible para desmontar una buena parte de la estructura de los últimos 20 años.
En el centro de este debate está la reforma constitucional, que tiene que consensuarse a todo nivel, así como la ley de hidrocarburos, minería, inversiones, seguridad ciudadana y jurídica, cambios judiciales, etc. El pacto tiene que hacerse con las fuerzas que tienen representación parlamentaria para viabilizar y sancionar cualquier iniciativa legal, como la que propone el ejecutivo.
Y como ningún partido político tiene mayoría absoluta, Rodrigo Paz tiene que ser consciente de esta realidad y convocar a los líderes de las fuerzas políticas para cerrar un gran acuerdo nacional que permita frenar la ola de violencia (en algunos lugares), la gobernabilidad y garantizar la estabilidad económica y política. Un sistema democrático no se entiende sin acuerdos políticos (implícitos o explícitos) porque son beneficiosos siempre. Rodrigo Paz lleva más 20 años en la función pública, y sabe de las potencialidades de estos acuerdos políticos.
Guardando las distancias, entre 1985-2003 tres partidos políticos: el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Acción Democrática Nacionalista (ADN) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), dominaban el escenario político. En el MNR Hernán Siles Zuazo acababa de renunciar a la presidencia, y Víctor Paz Estenssoro se aprestaba a iniciar su último mandato presidencial. ADN tenía fecha de vencimiento (2001), partido creado por Hugo Banzer, entre otras cosas, al influjo del juicio de responsabilidades iniciado por Marcelo Quiroga Santa Cruz. En el MIR, Jaime Paz Zamora consolidaba su liderazgo hasta su extinción en 2005.
El terrible trauma de la inestabilidad política y debilidad del gobierno de Hernán Siles marcó una premisa de oro, la gobernabilidad debía partir de la mayoría, lo que hizo girar el punto de apoyo de los partidos. La lucha política saltó a los medios y fue mucho más mediática y menos callejera. Era el inicio de la industria electoral, con las encuestas, las campañas multimedia y programas trabajados en gabinete sobre cifras macro en medio de abstracciones teóricas, tecnocrática y programáticas. Y como el parlamento era el gran escenario del poder democrático que apuntalaba al poder ejecutivo, había que garantizar alianzas duraderas y mayorías sólidas en su seno.
A partir de 1985 y ante la falta de una mayoría absoluta de las principales fuerzas políticas (como sucede en la actualidad), se genera la era de la “democracia pactada”, con los sistemáticos acuerdos que suscribían los jefes políticos. Víctor Paz Estenssoro y Hugo Banzer Suárez, fueron los primeros en suscribir el “Pacto por la democracia”. Era la primera vez que se firmaba un acuerdo con el objetivo de permitir la gobernabilidad del país y, al mismo tiempo, se inauguraba un nuevo estilo de hacer política donde prevalecía la cultura del diálogo y la concertación.
Jaime Paz Zamora y Hugo Banzer Suárez, después de las elecciones generales de 1989, firmaron un nuevo pacto denominado “acuerdo Patriótico”, cogobernaron y generaron las condiciones para la estabilidad política, económica y social. Y como parte de esta nueva forma de hacer política, el 5 de febrero de 1991, Hugo Banzer Suárez, Gonzalo Sánchez de Lozada, Oscar Eíd Franco, Carlos Palenque y Antonio Araníbar acordaron, entre otras cosas, enmiendas a la Ley Electoral y la designación de vocales “notables” para la Corte Nacional Electoral, la sanción de la primera Ley del Ministerio Público, la Ley de Organización Judicial, y crearon, mediante reformas a la Constitución, el Defensor del Pueblo, el Consejo de La Judicatura y el Tribunal Constitucional (1994-1999).
Los acuerdos políticos no solo sellaron un nuevo estilo de hacer política, sino también garantizaron la gobernabilidad, la estabilidad económica y concretaron reformas estructurales para el Estado boliviano. El presidente Rodrigo Paz tiene la responsabilidad histórica de convocar a los líderes políticos y materializar una agenda básica que permita resolver los problemas que agobian al pueblo boliviano y fundamentalmente reencauzar el barco y definir un rumbo, antes de que termine arrastrado por la turbulencia política.
William Herrera Áñez es abogado y profesor universitario.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
