
l gobierno nacional experimenta un desgaste prematuro, a tal punto que, si el Parlamento no se pone de acuerdo para apoyarlo, lo colocará cerca de la cornisa, expuesto a caer al abismo, con la más leve arremetida de algunos grupos sociales.
Una evaluación ecuánime, sin pasiones ni prejuicios, permite concluir que, hasta ahora, la gobernanza no dejó conforme a ningún sector. Las medidas económicas y tributarias continúan incompletas, no construyen un contexto que permita alcanzar certidumbre al sector agropecuario, sector exportador, gremiales, al micro-empresariado. Las medidas cambiarias y monetarias, columna transversal de la economía, carecen de consistencia para garantizar resultados convenientes para los agentes económicos.
Por lo mismo, la situación del país está más complicada, el presidente Rodrigo Paz ya no depende de él mismo, sino del diagnóstico severo de los gobernados, y en el aspecto político, está en manos de los parlamentarios, y más aún de los jefes de organizaciones políticas que (con excepciones) controlan el quehacer de sus "bancadas".
Los líderes de partidos políticos contrarios al MAS, se sienten presionados para asumir con urgencia un papel estabilizador, esencial para este país altamente inestable y amenazado en su democracia.
El problema multidimensional en grado sumo ya existe, por eso, y en resumidas cuentas, se trata de encontrar las opciones apropiadas para superar la crisis. Para empezar, la presidencia necesita un equipo político capaz para resolver conflictos, aminorar riesgos, afrontar emergencias, controlar protestas violentas, sobre todo aquellas que llegan al desborde delincuencial. Permitir de esa manera que los ministros, y los numerosos viceministros hagan gestión. Por otra parte, todos ellos y en primera instancia, deberían hablar de sus proyectos en ejecución, teniendo en cuenta la meta para alcanzar pertenencia mundial: Bolivia al mundo de la inteligencia artificial (IA), y el mundo a Bolivia, país en vertiginosa carrera a la digitalización, de eso también se trata.
Los nuevos viceministros deben hacer lo que harían como ministros, si bien se achicó la composición estructural del Poder Ejecutivo, no se suprimieron funciones absolutamente necesarias para un Estado moderno. Y que no se les ocurra, como en el reciente pasado, instalar la “tontocracia”, que además de la propia, considere a los ciudadanos tontos permanentes; sería un error imperdonable.
Para finalizar, algo de números: tres millones de bolivianos, aproximadamente, apuestan para que, con cualquier sigla, ropaje y bandera, el MAS vuelva al poder. Otros tres y medio millones, votaron por otra opción: incluía la promesa de meter preso a Evo Morales. A pesar de estar próximos en cifras, los primeros demuestran actitud firme y atacan al gobierno con toda clase de acciones, su objetivo es derrocarlo. Mientras que los otros (varios pragmáticos acomodaticios), adscritos a las ideologías de las derechas políticas, es probable que continúen, disconformes y pasivos.
En momentos tan cruciales, la gestión debe ser sobre la base de acciones. El discurso del presidente genera simbolismo, y por momentos renueva esperanza. Sin embargo, dadas las circunstancias, está cerca de ser contraproducente.
Mario Malpartida es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
