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yung-Chul Han es un filósofo, teólogo y ensayista coreano germánico, nacido en Seúl, Corea del Sur, en 1959, país en el que estudió metalurgia. A los 22 años, se trasladó a Alemania, donde estudió Literatura Alemana, Teología y Filosofía, doctorándose en 1994, en la Universidad de Friburgo, con una tesis sobre Martin Heidegger.

Es un pensador muy influyente en la actualidad y ha publicado varias obras, que no tienen carácter enciclopédico sino más bien de ensayo, y en las cuales expresa puntos de vista muy interesantes, que ya han dado que hablar.

Una de ellas es “La sociedad del cansancio” (2010), en la que analiza cómo las exigencias de productividad terminan convirtiendo al individuo en explotador de sí mismo. Sostiene que el sistema actual ya no ejerce un poder basado en prohibiciones externas (disciplina), sino en la auto explotación voluntaria bajo el lema del rendimiento ("tú puedes"), lo que lleva al agotamiento mental, la depresión y el burnout (del inglés “quemado” o fundido, que se traduce al castellano como síndrome de desgaste profesional o síndrome del trabajador quemado).

En “La sociedad de la transparencia” (2012), critica el hecho de que todo deba ser expuesto y medido, convirtiendo la comunicación en un flujo de información sin intimidad ni confianza. Aunque, claro está, esto no ocurre para todo ni para todos, pues hay espacios de “secretos de estado” que impiden conocer información que debería ser púbica o relevante.

En “La agonía del Eros” (2012), sostiene que el amor auténtico está muriendo en la sociedad moderna debido al narcisismo extremo, la cultura del rendimiento y la mercantilización de las relaciones. Afirma que el Eros (el amor apasionado y transformador) agoniza porque nos da miedo perder el control. Para Han, salvar al amor implica recuperar la valentía de ser vulnerables, aceptar la negatividad del sufrimiento y arriesgar el propio "yo" para entregarse plenamente a otra persona.

En concordancia con lo señalado, en “La sociedad paliativa”, el autor examina nuestra incapacidad para aceptar el dolor, el sufrimiento y las experiencias negativas. Todo se resuelve con el “sé feliz”, que en definitiva se expresa en el “Ten más y vivirás feliz”, induciendo a los individuos al consumo de productos que muchas veces ni siquiera necesitan.

Como se puede observar, se trata de planteamientos muy interesantes y actuales, que deberían tomarse muy en cuenta para explicar lo que sucede en el mundo entero y en nuestro país.

Ahora bien, uno de los campos a los que se refiere con una pertinencia extraordinaria tiene que ver con la universidad. La tesis central del autor en esta materia es la siguiente: “Los catedráticos se han convertido en vendedores y los estudiantes en clientes que evalúan a sus profesores”. Para el autor esta transformación representa un deterioro de la cultura académica, en tanto en cuanto el conocimiento queda subordinado a la lógica del mercado y a la satisfacción del consumidor. Considera que el desmantelamiento de la autoridad en las aulas universitarias es el ejemplo perfecto de cómo el neoliberalismo destruye los rituales esenciales, la asimetría pedagógica y el respeto mutuo en la sociedad actual.

Claro que este tema no se agota en las universidades, sino que afecta también al sistema político y la democracia; al sistema laboral en el que prima la meritocracia neoliberal; a las plataformas digitales y las Redes Sociales (La "Infocracia") y a la cultura del Ghosting (El otro como desecho).

En suma, la crítica de Han se dirige a todo aparato institucional que opere bajo un orden puramente horizontal e inmanente, donde todo se aplana, se vuelve inmediato y se transforma en mercancía desechable.

Es lamentable comprobar cómo universidades de prestigio marchan por este camino, buscando retener estudiantes a como dé lugar y prohibiendo -entre otras cosas- aplazarlos, o poniendo en vigencia reglamentos de evaluación desastrosos.

Ahora está de moda el proceso de “gamificación de la educación”, que lleva a que los docentes traten a los estudiantes como niños y les canten “Arrorró mi niño, arrorró mi sol, duérmete pedazo de mi corazón…”.

Como sostiene Byung-Chul Han, detrás de esto están intereses ocultos, que pueden derivar en que la libertad se transforme en una forma de opresión. En la nombrada “Sociedad del cansancio” afirma que, en el capitalismo neoliberal actual, la libertad y la coacción coinciden, haciendo que nos oprimamos a nosotros mismos bajo la ilusión de ser libres.

Tal vez sea hora de rescatar las palabras de Radomiro Tomic, candidato demócrata cristiano a la presidencia de Chile en 1970, sobre todo a la luz de lo que viene aconteciendo con las protestas que se producen en Europa: “Hay que liberar al hombre en nombre de la justicia y no esclavizarlo en nombre de la libertad”.

Y recordar, con la pedagoga sueca Inger Enkvist, que la escuela (y la universidad, agregamos) no puede convertirse en una guardería y exigir al profesor actuar también como psicólogo, trabajador social y sustituto de la familia.

Carlos Derpic Salazar es abogado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.