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bjetivamente los primeros 100 días del gobierno dejan un saldo favorable en la balanza del escrutinio público. Volvieron los combustibles, reaparecieron los dólares, los precios se mantuvieron relativamente estables, llegaron créditos del exterior y Bolivia reapareció en el radar internacional con un rostro diferente. Son buenas noticias, pero lo más importante es que todos estos resultados sean sostenibles en el tiempo, que se corrijan rápido los primeros errores y se cumplan los compromisos asumidos, que resultan del diagnóstico de situación que se compartió en los días inaugurales del gobierno.

El balance no puede ignorar algunos problemas, como la contradictoria decisión de mantener viva a EMAPA, una de las empresas públicas que generó más gastos que ganancias y que, como se sabe, para lo único que sirvió fue para engrosar la billetera de algunos corruptos.

El gobierno no puede ir al rescate de lo que está mal. Lo peor seria que empresas públicas con diagnóstico terminal sigan generando costos por prolongar una terapia intensiva que, de todas maneras, no reanimará al paciente. Suele ocurrir —tal vez este no sea el caso— que a la hora del cierre no faltan los que ofrecen “tratamientos” novedosos, con tal de sacar algún provecho posterior.

En otros ámbitos, la subida de los pasajes del transporte aéreo es contradictoria con la decisión de recuperar la economía de la población. La decisión en el caso de BOA, solo perjudica a decenas de miles de pasajeros de clases medias que utilizan cada vez con más frecuencia este servicio y es totalmente contradictoria con las políticas que se impulsan para promover el turismo interno.

Lo que se esperaba más bien era ver competencia en los cielos bolivianos, ya sea con empresas locales o extranjeras, priorizando por encima de todo el interés de los pasajeros y no de unos cuantos vivos que merodean la manga de abordaje de los “negociados”.

El presidente debe cuidar mucho los círculos internos de su gobierno, para evitar que colaboradores suyos se vean involucrados en algún hecho irregular, pero sobre todo los círculos externos, que se valen de supuestas influencias en el “poder” para buscar alguna tajada.

La población seguramente aplaude algunos de los éxitos gubernamentales, sobre todo los que afectan directamente a su vida, pero no se debe olvidar que la demanda más importante es honestidad, transparencia, decencia en el manejo de lo público.

La gente puede perdonar un error, cometido de buena fe, pero nunca deslices en el lodo de la corrupción. A fin de cuentas, después de largos, muy largos 20 años de un gobierno que se movió casi siempre por los atajos de la ilegalidad, lo que se espera es que la nave actual se desplace siempre por el camino de la ley. No es mucho, pero ¡representa tanto!

Todos esperan que los logros se mantengan, pero también que vengan nuevos cambios, más de fondo, que le den fundamento productivo y de largo plazo a lo que hoy asoma en la superficie.

Hernán Terrazas Ergueta es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.